Más
1.- Reportaje
2.- Documentos de los archivos nacionales de Rumanía
3.- El reto del futuro
4.- Biografía de líderes políticos
5.- El reto rumano
6.- Preguntas sobre la economía rumana
7.- Palabras de Su Majestad el Rey
8.- Noticias
9.- Proyecto educativo en la economía rumana
10.- Bacau
11.- Bucarest
12.- Estadísticas 2005
13.- España

Reportaje

El 40% de la economía es sumergida Rumania, país olvidado
Rumanía es un país olvidado en el baúl de los recuerdos del abatido comunismo y del empobrecimiento que no le ha permitido sumarse al carro de la reciente ampliación de la Unión Europea. Rumanía es un país de una gran riqueza natural y con un valioso patrimonio cultural que los turistas y los inversores europeos han empezado a descubrir. Un millón de turistas, de ellos 70.000 españoles, visitan anualmente Rumanía, un país que está viviendo una dura transición del comunismo al capitalismo.

Viajar por Rumanía es hacer un viaje por el túnel del tiempo para conocer la historia, el arte y las leyendas medievales que se mantienen intactas porque el comunismo aisló al país de la modernidad. Ahora, Rumanía se debate entre la nostalgia del comunismo que subvencionaba la comida, la escuela, la sanidad y la vivienda y el atractivo del capitalismo cuyas ofertas no están al alcance de la inmensa mayoría de los rumanos.
El capitalismo se visibiliza en la libertad de expresión, la vestimenta de los jóvenes, los anuncios de Coca-Cola, la apertura de Mac Donals y el consumo de droga (prohibida y duramente castigada durante la etapa comunista) por parte de los «nuevos jóvenes».

Economía por los suelos
Los sueldos apenas sobrepasan los 100 euros al mes y eso quien tiene un trabajo. Un maestro tampoco gana más. Y la vida no está tan barata como cabría suponer porque los precios se están internacionalizando. Con esta situación, a nadie le puede extrañar que los rumanos quieran emigrar. España está en el punto de mira de la emigración rumana. Tras la caída del comunismo ha salido del país un millón de rumanos.
El 40 por ciento de la economía es sumergida y las multinacionales están trasladando a Rumanía sus empresas porque la mano de obra es muy barata.

Generación del sacrificio
La transición del comunismo al capitalismo no está resultando nada fácil. Unos se han abierto camino, son los nuevos ricos («ricos de cartón» les llaman en Rumanía), otros trabajan en lo que pueden y otros se las ven y se las desean para sobrevivir. No hay clase media en el país.

Se dice que la generación actual es la «generación del sacrificio» que soporta todo con la esperanza de que el futuro sea mejor para todos.

Un país de madera 
Rumanía es la mitad de España en extensión y en población. El 28 por ciento del territorio es bosque (abetos, hayas...). La gran abundancia de bosques hace que muchas casas e iglesias rurales sean totalmente de madera. El Museo de la Aldea , en Bucarest, conserva más de 200 viviendas originales de madera de las distintas regiones del país.

Rumanía es un mosaico de culturas. El dos por ciento de la población es de raza gitana, la minoría más pobre y desescolarizada, y el siete por ciento son húngaros. Hay también importantes colonias de alemanes, armenios, griegos, turcos, serbios y eslovacos.

Curiosamente, mientras en España hay muchos emigrantes rumanos, sobre todo gitanos, pidiendo en nuestras calles, en Rumanía apenas hay mendicidad.

País francófono y ortodoxo
El país es francófono. Alexandru Ioan Cuza, que en el siglo xix unificó el país y dictó sus leyes inspirándose en la legislación francesa, era amigo de Napoleón III.
Rumanía es el único país de la región que, a pesar de su lengua de origen latino, no tiene influencia católica. El 85 por ciento de la población es de religión ortodoxa.
 

Bucarest
Bucarest —etimológicamente, «ciudad de la alegría» está situada al sur del país, próxima a la frontera con Bulgaria. Fundada en el siglo xv, tiene dos millones de habitantes y cuenta con 125 monumentos históricos y numerosos parques, lo que la ha valido el calificativo de «ciudad jardín».

Sin duda, el monumento más sorprendente es la Casa del Pueblo, el segundo edificio más grande del mundo después del Pentágono. El espectacular edificio, construido en la colina del Arsenal, que consumió la mayor parte del presupuesto del Estado entre los años 1985-1989, es una muestra de la megalomanía del dictador Ceausescu 
 Para su construcción se derribaron los barrios más bellos de Bucarest. Trabajaron 25.000 obreros, en turnos ininterrumpidos, y hubo 500 arquitectos. Para su decoración se emplearon los materiales más caros del mundo. Las cortinas de los grandes ventanales se bordaron en los monasterios ortodoxos.

El conde Drácula
El conde Drácula está en todas partes: en los castillos que habitó, en las camisetas de los turistas y, sobre todo, en la leyenda a raíz de que el novelista Bram Stoker convirtiera en vampiro al personaje y lo popularizara el cine, convirtiendo en mito a Vlad Tepes, un reyezuelo sanguinolento y cruel conocido por “El emperador” Vlad Tepes nació en Transilvania en 1431 y era el hijo de Vlad Dracul (diablo, en rumano). El personaje no era precisamente un santo. Los historiadores encontraron un documento donde el conde Drácula se congratulaba de haber mandado empalar a 28.884 personas: hombres, mujeres, ancianos y niños. Y se cuenta, también, que al tipo le gustaba mojar pan en la sangre de sus víctimas.
 

Documentos en los archivos nacionales de Rumanía

Los fondos archivísticos son indispensables en el trabajo de un historiador. Son la materia prima en base a la que la posteriodad puede conocer e interpretar el pasado a fin de conocer el modo en que nuestros antepasados imaginaban el mundo. En principio no hay documentos importantes y documentos sin importancia. Lo que importa es la información que los mismos poseen, incluso si un documento pueda ser auténtico o falso. Un documento falso puede contener una información auténtica, que uno auténtico no menciona. O, al revés, un documento auténtico puede contener una información falsa. Antes de ser considerados muy importantes por los historiadores, los fondos archivísticos fueron protegidos por las instituciones del estado o por las personas privadas que los poseían. 

Los Archivos nacionales de Rumanía poseen una amplia cantidad de fondo archivístico a la que los historiadores tratan de valorar. Con respecto a la Edad media, los fondos archivísticos de los Archivos de Rumania empiezan a aumentar desde el punto de vista cuantitativo, tras la fundación de Moldavia y Valaquia en el siglo 14. El estudio de la historia de Rumania fue dividido también en base al modo en que habían sido organizados los archivos: la Edad Media, moderna y contemporánea. 

Sobre el tema de los fondos archivísticos de Rumania hablamos con el vice director de los Archivos Nacionales, Cornel Lungu, acerca de esta controvertida división de la historia heredera de la teoría marxista de la periodización
 de la historia según las relaciones económicas. 

“En principio, deberíamos hacer una delimitación temporal, en base a los documentos. La separación por períodos de la historia de Rumania es una problema de actualidad porque es cada vez más difícil establecer los años que separan las etapas históricas. Ultimamente  el problema se ha analizado en los términos de los comienzos de una epoca, y en este caso, la epoca moderna y los más recientes trabajos publicados, enfocan este asunto de la delimitación temporal del estudio de la historia. Me parece benéfica la colocación del comienzo de la epoca moderna de la historia de Rumania, mucho antes de 1821, considerado el año del comienzo de la modernidad rumana antes de 1989. Elementos que prefiguraron la modernidad son visibles ya desde el siglo 18. En este sentido, sería suficiente mencionar las reformas del príncipe Constantin Macovei  de mediados de dicho siglo, las de Ipsilanti, Moruzzi, Caragea de finales de la Ilustración y comienzos del siglo 19. Tenemos documentos que mencionan los cambios sociales registrados durante estos períodos y mencionaría aquí los fondos archivísticos creados por las instituciones del estado hasta 1821. Luego hay fondos creados después de 1821, el año del movimiento revolucionario encabezado por Tudor Vladimirescu y 1831, después de entrar en vigor los Reglamentos orgánicos. A partir de aquel momento se puede hablar de instituciones de tipo moderno que ya crearon fondos archivisticos especiales tal como es el fondo del Ministerio para problemas intestinos> el futuro fondo del Ministerio del Interior. Luego había el fondo de la Asamblea cívica, el parlamento, de Valaquia y Moldavia”. 

En el siglo 19, la importancia de los archivos aumentó especialmente debido a la aparición de una nueva realidad: la introducción de las reformas y la edificación del estado rumano según las normas de la Europa moderna. Cornel Lungu sintetiza estas nuevas realidades, tal como se pueden leer en los documentos 

Son documentos que registran todos los aspectos de la evolución social, política y económica. Por ejemplo, un tipo de información esencial para el estudio de la historia social de Rumania lo representa la evolución de las relaciones de la agricultura rumana, dentro de las cuales un lugar aparte lo ocupaba el sistema del arrendamiento. Observamos también la reacción de la gente común ante las novedades: este sistema de interposición, a través de los arrendatarios, entre los grandes terratenientes y los que ofrecían su mano de obra, crearía un nuevo tipo de relaciones interhumanas. Existen también otros documentos referentes al ascenso de la burquesía rumana. Los documentos destacan que en vísperas del aòo1848, los elementos modernizadores del área rumana seguían los mismos ideales que los del resto de Europa, aún cuando había ciertos límites. Ellos se inscribieron en el contexto europeo y estas tendencias se pueden notar también en las colecciones que publicamos reiteradamente. El tomo “ La revolución rumana de 1848” destaca no sólo lo específico rumano , sino también el contexto europeo. La internacionalización del problema rumano se produjo tras los años 1853- 1856, después de la Guerra de Crimera.” 

La Unión de los Principados Rumanos de 1859 significó también el crecimiento de la complejidad de las estructuras sociales rumanas. Y las realidades del tiempo tuvieron significados de los cuales el investigador sólo se puede percatar cuando interpreta libremente, sin conocimientos ideológicos. 

"Yo insistiría en unos documentos anteriores al año de la Unión de los Principados rumanos, 1859, documentos menos conocidos que mencionan un movimiento del invierno del año 1853-1854, el movimiento llamado de Scurtulescu. Se trata de una insurrección en una aldea a orillas del Danubio, de la cual durante el comunismo decían que había sido una sublevación campesina, contra los arrendatarios y los terratenientes. Pero de los documentos que he estudiado he comprendío que no fue sólo un movimiento campesino sino también en contra de la ocupación rusa de los Principados, un motín contra la ocupaci’on extranjera. Creo que estos documentos menos conocidos debería ser mejor explotados.” 

¿ Qué más nos revela la investigación de los fondos archivísticos? Por ejemplo la coherencia en la reforma de las instituciones y en el cumplimiento de los proyectos de reforma y en el cumplimiento de los proyectos de reforma de los dirigentes de Rumania. La continuidad fue la regla de la edificación de la Rumania moderna y la ruptura, más bien la excepción. Al micrófono Cornel Lungu 

“Del período posterior a las reformas de 1859, de Alex. Ioan Cuza, mencionaría dos fondos muy importantes: el de la Asamblea de los Diputados y el del Senado. Encima de leyes y debates, hallamos incidentes de bastidores, la recepción de las seòales llegados por parte de las grandes potencias. De dichos documentos resulta que las grandes potencias perseguían atentamente todo lo que emprendía Cuza quien llevó una política del hecho cumplido. De modo especial, el fondo de documentos de la Casa Real después de 1866 destaca los cambios sociales que había registrado Rumania. Los conocimientos habían sido echados por Cuza y el futuro rey Carlos I asumió naturalmente todo lo que había heredado de su predecesor, empezando por la elaboración de la Constitución y las gestiones emprendidas en aras de la obtención de la independencia nacional. La independencia de 1877, la proclamación del Reino de Rumanía en 1881, la sucesión al trono, los esfuerzos diplomáticos y otras gestiones de la política rumana son minuciosamente presentados en las colecciones de documentos.”
 

El reto del futuro

Rumanía, el informe y la adhesión a la UE
“No se puede luchar en contra de la corrupción solamente pescando algunos peces grandes, pero si no pescas ninguno, la gente podría imaginarse que nadie lo intenta” - pusó el dedo en la herida el jefe de la Delegación de la Comisión Europea en Bucarest, Jonathan Scheele, en su intento de analizar el informe de monitorización de Rumanía. Es un informe realizado por la Comisión Europea y presentado en Estrasburgo, ante el Parlamento Europeo. De las once banderitas rojas, cuantas había, en el presente quedaron dos: una para la protección de las fronteras y otra para la lucha contra la corrupción. Al mismo tiempo, hay que notar que, por vez primera, ya no se habla de la “gran corrupción” y que, en línes generales, el informe relativo a Rumanía tuvo más bien carácter positivo. 

En el campo de la Competencia los progresos fueron impresionantes y se registraron en un tiempo récord - en tan solo 4 meses, desde que Bucarest recibío las cartas de advertencia. De este modo este capítulo queda eliminado de la lista de los capítulos que podrían activar la cláusula de salvaguarda. 

Sin embargo, a más tardar a principios de la primavera, las autoridades rumanas deben solucionar una serie de problemas sumamente graves. Las instituciones deben funcionar correctamente, hay que controlar mejor las fronteras - especialmente porque, una vez integrada en la Unión Europea, Rumanía llegará a ser la frontera éstica del espacio comunitario- hay que detener el tráfico de blanca. 

Otro capítulo incompleto es el que se refiere a la asistencia sanitario-veterinaria. Rumanía ya no puede relajarse, debe actuar rápidamente, ha declarado Jonathan Scheele, quien advirtió que en los capítulos-clave, las banderitas amarillas pueden ser reemplazadas fácilmente con banderillas rojas. 

“El presidente Traian Bãsescu tuvo razón cuando afirmó que el combate de la corrupción corre a cargo de los jueces y los fiscales. Pero esto no significa que fue data la señal de que pueden comenzar a cazar brujas, sino, todo lo contrario, que el sistema judicial de Rumanía debe actuar correcta y honradamente. De este modo, todo el mundo se va a convencer de que Rumanía lucha contra la corrupción a los más altos niveles.” 

Es muy importante continuar las reformas del sistema jurídico y es imprescindible que las leyes adoptadas no permitan modos de actuar arbitrarios, para que dejen la puerta abierta a la corrupción. 

A las medidas que hay que tomar se referio también Victor Alistar, director de Transparency Internacional de Rumanía. 

“Se esperan resultados del Departamento Nacional Anticorrupción, porque en la prensa fueron presentados artículos relativos a altos dignatarios que fueron acusados de corrupción. Los organismos internacionales señalaron situaciones de este tipo, pero los resultados no aparecen en las gestiones del seguimiento penal. También, se desea que las adquisiciones públicas sean más transparentes. Es necesario crear mecanismos que puedan evitar las fisuras en la aplicación de las leyes. De este modo se eliminan los círculos de intereses financieros que enfocan los fondos públicos. Se espera que Rumanía de fe de su voluntad, y especialmente de su capacidad administrativa de reformar los recursos humanos desde la perspectiva de los estandares éticos, para que, de simples textos de ley, llenos de polvo, se vuelvan realidad, en la relación con los ciudadanos y en la relación del estado con los fondos públicos. Al mismo tiempo, queremos ver un equilibrio en lo que se refiere a los cargos públicos y a las categorías profesionales que tienen prerrogativas de autoridad”. 

No solamente las instituciones deben hacer esfuerzos para la integración. El jefe del estado, Traian Bãsescu, mencionó que cada ciudadano rumano, de los 22 millones cuantos tiene Rumanía, debe implicarse en el proceso de integración. Además la población debe tener conciencia de que, después del 1 de enero de 2007, aseguran otros 2 ó 3 años de esfuerzos para que cada estructura del estado rumano, de la sociedad y de la economía puedan coincidir con las realidades de la UE. 

“Sea hablamos de la disminución de las subvenciones en el caso de la energía térmica, sea nos referimos al aumento del precio del gas, en realidad todas estas medidas son resultado de los compromisos que nos asumimos para que Rumanía pueda integrarse en la UE en condiciones de competitividad correcta. Ninguna economía de la Unión Europea no aceptaría que la economía rumana recibiera energía térmica más barata. Quiero que todos entiendan muy bien estas cosas. La integración en la Unión Europea es un proceso colectivo, un proceso nacional, es un proceso de solidaridad de toda la nación en torno a un objetivo importante. Vamos a sentir los beneficios reales de nuestra integración cuando podamos cumplir con los estandares europeos, desde todos los puntos de vista.” 

“La integración en la UE depende únicamente de los rumanos”. Esta es una frase muy conocida desde 1999, cuando Rumanía empezó las negociaciones con vistas a la adhesión. Hoy, cuando estamos a poca distancia de la línea de llegada, cuando ya no se habla de informes-país, sino de informes de monitorización, esta frase no ha perdido su validez. 

Ante los micrófonos de Radio Rumanía Internacional, el primer ministro rumano, Cãlin Popescu Tãriceanu. 

“A diferencia de los informes anteriores, esta vez Rumanía fue monitorizada en tanto que futuro miembro de la Unión Europea, que debe cumplir con las mismas reglas que los demás países miembros. Hemos demostrado que sabemos cumplir con los compromisos asumidos y que, con mucho trabajo, podemos alcanzar nuestro objetivo estratégico: la adhesión el 1 de enero de 2007. Rumanía ya no tiene nada que ver con las falsas promesas, ahora se basa en acciones concretas. En el período que sigue, intensificaremos las reformas de todos los capítulos de los que depende nuestra integración.” 

El comisario europeo para la ampliación, Olli Rehn, mencionó entre las prioridades de Rumanía la mejora de la capacidad de utilizar los fondos comunitarios, para que Bucarest pueda valorificar lo mejor posible el apoyo financiero ofrecido por la Comisión Europea. En 2006, Rumanía ha de recibir más de mil millones de euros, fondos de preadhesión, para los sectores más importantes: la agricultura, el medioambiente, la administración pública y la protección de las fronteras. Lo importante es que cumpla con las reglas de juego, que son las mismas para todo el mundo. Se trata de rigores a los que se sometieron todos los 25 países miembros. 

El jefe de la diplomacia rumana, Mihai Rãzvan Ungureanu, nos ha declarado que... 

“Las reformas deben llegar al hombre común y corriente, deben cambiar mentalidades. En realidad, este es el secreto del proceso en el que estamos todos implicados.”
 

Biografías de Líderes Políticos 

Adrian Nastase es hijo de Marian Nastase, un oficial del Ejército real que perdió sus galones tras el establecimiento de la república popular prosovietica 
en 1947, pero que luego se unió al Partido de los Trabajadores Rumanos (PMR, vuelto a llamar desde 1965 Partido Comunista Rumano, PCR) instalado en el poder. Nastase padre recobró su posición social y llegó a convertirse en miembro de la nomenklatura comunista, como director de departamento en el Ministerio de Educación. 

El joven, siendo aún un estudiante, tomó en matrimonio a una hija de un alto dignatario del partido, Grigore Preoteasa, quien fuera desde 1955 y hasta su fallecimiento en 1957 miembro del Comité Central y ministro de Asuntos Exteriores, pero este enlace terminó en divorcio. Años más tarde, Nastase contrajo segundas nupcias con Dana Miculescu, que también era hija de un preboste del PCR, Angelo Miculescu, varias veces ministro de Agricultura, Silvicultura y Alimentación entre 1969 y 1981, amén de viceprimer ministro desde 1975 y miembro del Comité Central del PCR hasta 1983. El matrimonio Nastase-Miculescu ha tenido dos hijos, Andrei y Minhea. 

Doblemente licenciado por la Universidad de Bucarest en las especialidades de Derecho (1973) y de Sociología (1978), tras obtener la primera titulación entró de becario en el Instituto de Investigación Legal de la capital rumana y en 1977 comenzó una carrera docente como profesor asociado de Derecho Internacional Público en la Academia de Estudios Económicos de su universidad. Aquel año se convirtió también en vicepresidente de la Asociación de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de Bucarest (ADIRI). En 1980, para enriquecer su currículum académico, emprendió un itinerario de dos años como investigador visitante en centros del extranjero, entre ellos la División de Sistemas de Información y Documentación de Derechos Humanos de la UNESCO, en Londres, y dos institutos con sede en Oslo, el Noruego de Asuntos Internacionales (NUPI) y el Internacional de Investigación por la Paz (PRIO). 

En 1982 Nastase se integró en la Asociación de Científicos Rumanos y en 1984, al cabo de una estancia en Francia en calidad de director de estudios del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo (IIDH) y también de asistente en la Sociedad Francesa para el Derecho Internacional (SFDI), con sede en París, volvió a ejercer la docencia en la Universidad de Bucarest, donde en 1987 obtuvo el doctorado en Derecho Internacional Público. En estos años, Nastase se desenvolvió como un intelectual al servicio del Estado rumano y el PCR, cuyo concepto peyorativo de los Derechos Humanos, al revés de como los entendían la ONU y los gobiernos y las ONG occidentales, defendió en numerosos foros y conferencias por todo el mundo y a través de opúsculos que constituían apologías del modelo de socialismo real imperante en su país, sometido a la férula del secretario general del PCR, Nicolae Ceausescu. 

A comienzos de 1990, tras la violenta y confusa revolución que derrocó y liquidó físicamente al dictador, y que dibujó un futuro inmediato de democracia pero con restricciones, Nastase se involucró en la política en las filas del Frente de Salvación Nacional (FSN), partido fundado en febrero por el jefe provisional del Estado, Ion Iliescu -influyente figura del régimen comunista que había caído en desgracia ante Ceausescu-, a partir de la junta cívico-militar homónima instalada en el poder el 22 de diciembre. 

Nastase se destacó en el grupo de intelectuales y académicos que aportaba al FSN un aspecto modernizador y reformista, aunque esta imagen era impugnada por los estudiantes de la universidad y amplios sectores políticos hostiles a las nuevas autoridades con un argumento de peso, a saber, que en la cúpula del FSN figuraban notorios ex capitostes y encomiastas del ahora proscrito PCR, cuya “mentalidad comunista” no aportaba precisamente la mejor garantía de que las prometidas reformas políticas y económicas condujeran a un verdadero Estado de derecho y de libertades en Rumanía. 

Nastase ganó el escaño de diputado por Bucarest en las elecciones libres del 20 de mayo de 1990, que otorgaron al FSN una victoria arrolladora sobre la débil oposición anticomunista de liberales y campesinos, y que legitimaron su control de las jefaturas del Estado y el Gobierno. El 28 de junio, en reconocimiento a su bagaje jurídico e internacional, pero también como premio a su lealtad a Iliescu, en adelante presidente de la República, Nastase fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno frentista que presidía Petre Roman, donde sustituyó a Sergiu Celac. Con la asunción de este primer cargo gubernamental, Nastase renunció a su recién ganada acta de diputado de la Cámara. 

Como responsable de la diplomacia, Nastase trató de convencer a los gobiernos occidentales de la firme intención de Rumanía de desarrollar las reformas democráticas con arreglo a los estándares del Consejo de Europa y de integrarse en las organizaciones euro-atlánticas, pero el caso fue que su jefe, Iliescu, manejó las relaciones exteriores con la ambigüedad o la vacilación que también afloraban a la hora de aplicar las reformas estructurales de la economía, en un país durísimamente golpeado por el derrumbe productivo, la hiperinflación, el desbarajuste en los servicios públicos y la pobreza. 

Más aún, la labor ministerial de Nastase se resintió de un episodio interno turbador, la violenta incursión en Bucarest en septiembre de 1991 -repitiendo los hechos de junio de 1990, que tan mala publicidad internacional habían dado a la Rumanía poscomunista- de los mineros del valle de Jiu, los cuales, tal fue la impresión general, hicieron de peones en una jugada de Iliescu para defenestrar a su rival interno en el FSN, el primer ministro Roman, un dirigente de orientación socialdemócrata, europeísta y partidario del libre mercado. Una vez dimitido Roman, Nastase, que volvió a cerrar filas con su preceptor en esta crisis, fue renovado en el Gobierno de coalición presidido desde el 1 de octubre por el independiente Teodor Stolojan. 

Con esos mimbres, el bienio largo en que Nastase fungió de ministro de Exteriores no pudo ser sino parco en resultados. Caben destacarse las firmas, personalmente por Iliescu en Sofía y Moscú, de sendos tratados de amistad con Bulgaria, el 27 de enero de 1992, y la URSS, el 5 de abril de 1991, aunque este segundo instrumento perdió toda validez jurídica desde el momento en que el Estado soviético dejó de existir en diciembre de aquel año (de hecho, nunca fue ratificado por el Parlamento rumano), además de que su propio contenido no fue clarificado, dando pábulo a la sospecha de que Iliescu se había comprometido ante Mijaíl Gorbachov a que Rumanía no se uniría a ninguna organización de tipo defensivo, léase la OTAN, que fuera en contra de los intereses de la URSS. 

Otro de los escasos logros registrados fue el Acuerdo de Comercio y Cooperación Comercial y Económica adoptado con la Comunidad Europea en octubre de 1990, que entró en vigor en mayo de 1991 y que trajo la extensión de la ayuda recibida desde Bruselas dentro del programa PHARE. 

Cuando 20 de noviembre de 1992, el oficialismo, tras revalidar en las urnas el 27 de septiembre su mayoría parlamentaria (aunque ahora sólo simple), formó un nuevo gobierno dirigido por el economista no adscrito Nicolae Vacaroiu, Nastase no continuó en el Ejecutivo porque el 16 de octubre había sido elegido presidente de la Cámara de Diputados, sucediendo a su correligionario Dan Martian. Para entonces, su posición en la dirección del partido se había reforzado, al sumar a la primera vicepresidencia orgánica que ya ostentaba el liderazgo del grupo parlamentario. 

Estas promociones situaron a Nastase como el virtual número dos del frentismo, condición que estaba lejos de corresponder al nuevo presidente orgánico, Oliviu Gherman, un mero burócrata a las órdenes de Iliescu, el teórico presidente imparcial de la República. Nastase, en ningún momento dejó de estar del lado de Iliescu cuando sus planteamientos políticos, juzgados por los detractores como complacientes con determinadas prácticas y prédicas del pasado comunista, fueron impugnados de manera abierta por los sectores del FSN más identificados con la línea socialdemócrata, haciendo inevitables las escisiones. La primera fractura de calado se produjo el 7 de abril de 1992, cuando la facción de Iliescu y Nastase se separó del ala encabezada por Roman y se constituyó como Frente Democrático de Salvación Nacional (FDSN), que fue el partido del oficialismo en las elecciones legislativas y presidenciales celebradas ese año mientras que el bando de Roman concurrió portando la sigla original. 

El 10 de julio de 1993 el FDSN absorbió a tres fuerzas menores de orientación izquierdista, los partidos Socialista Democrático, Republicano y Cooperativista, dando lugar al Partido de la Democracia Social de Rumanía (PDSR). Puesto que Iliescu, en tanto que presidente de la República, tenía prohibido por imperativo constitucional pertenecer a un partido político, confió el mando del PDSR a Nastase, para el que se creó el puesto de presidente ejecutivo, si bien el liderazgo supremo siguió ostentándolo Iliescu. En cuanto al presidente a secas, German, se limitó a actuar de testaferro del verdadero jefe y a supeditarse a Nastase. 

La necesidad de apoyos del Gobierno de Vacaroiu, dado que el PDSR carecía de la mayoría absoluta en el Parlamento, empujó a Nastase a acercarse en primer lugar al arco de fuerzas centristas, liberales y conservadoras agrupadas en la Convención Democrática de Rumanía (CDR), así como, pasando por alto rencores y antipatías personales, al Partido Democrático (PD), que representaba la evolución, con una doctrina socialdemócrata bien perfilada, del FSN surgido en 1992. Pero estas negociaciones fracasaron, tal que Nastase, con el visto bueno de Iliescu, optó por aliarse con los extremistas de la izquierda y la derecha. Así, el 6 de marzo de 1994 entraron en el Gobierno ministros del Partido de la Unión Nacional Rumana (PUNR), un exponente de la extrema derecha nacionalista y antihúngara. 

Nastase afirmó entonces que estas controvertidas alianzas respondían a la necesidad coyuntural de asegurar la mayoría parlamentaria para sacar adelante determinados proyectos de ley con contenido reformista, y que no entrañaban la dejación de los objetivos políticos y económicos del PDSR, aunque desde la CDR se le acusó de dogmático y de ser incapaz de consensuar con ellos un programa de reformas sin medias tintas en lo económico y de inequívoca orientación occidental en las relaciones exteriores. Sin embargo, la enemistad de Nastase con el líder del PUNR y polémico alcalde de la ciudad transilvana de Cluj, Gheorghe Funar, unida a su insistencia en marcarle el terreno a los incómodos aliados para no perjudicar la imagen exterior del partido y el Gobierno, desembocaron en la ruptura. 

En octubre de 1995, diez meses después de adoptarlos, el PDSR declaró nulos sus compromisos con el Partido de la Gran Rumanía (PRM), entonces una pequeña fuerza de la extrema derecha más chovinista, acaudillada por el estrambótico y estridente Cornel Vadim Tudor, que le apoyaba desde el Parlamento y que contaba con cargos en la Administración. El 16 de marzo de 1996 sucedió lo mismo con el Partido Socialista del Trabajo (PST, comunista). Y finalmente, el 2 de septiembre de 1996, en la recta final de la legislatura, el PUNR abandonó el Gobierno. La formación de Funar fue expulsada del Ejecutivo por su furibunda oposición al texto del Tratado Básico que iba a regularizar las relaciones rumano-húngaras y que fue firmado poco después, el 16 de septiembre, en Timisoara, Transilvania, por los primeros ministros respectivos. 

La trascendencia a la opinión pública de más de una diferencia entre los dos por cuestiones doctrinales y de estrategia política no afectó a la condición de Nastase como el lugarteniente de Iliescu. El jefe parlamentario apoyó la candidatura reeleccionista del hombre fuerte del país en las elecciones presidenciales del 3 y el 17 de noviembre de 1996, las cuales, empero, dieron la victoria al candidato de la CDR, Emil Constantinescu. El fracaso del PDSR fue completo, ya que en los comicios legislativos, su cuota del 21,5% de los votos y los 91 escaños fue inferior a la ganada por los partidos de la CDR. 

Con arreglo a la nueva mayoría, el 27 de noviembre Nastase entregó el puesto de presidente de la Cámara de Diputados a Ion Diaconescu, presidente del Partido Nacional Campesino-Cristiano Demócrata (PNTCD) y ahora también líder de la CDR. Liberados ambos de sus respectivos mandatos institucionales, pero ligados al Legislativo desde sus escaños en la Cámara de Diputados (el primero, que reforzó con la obtención de una de las vicepresidencias del hemiciclo) y el Senado (el segundo), Nastase e Iliescu se concentraron en las maniobras para retener el control del partido, donde el doble fiasco electoral había levantado una fuerte marejada, con un coro de voces exigiendo la asunción de responsabilidades por la cúpula y un cambio de rumbo en el fondo y en la forma. 

En la conferencia nacional extraordinaria celebrada por el PDSR el 17 de enero de 1997, Iliescu fue elegido presidente del partido y Nastase vicepresidente primero, es decir, recobraron los puestos que habían ocupado hasta 1992 y 1993, respectivamente. La imposición del tándem Iliescu-Nastase fue interpretada como un triunfo del aparato izquierdista conservador, que se resistía a abrazar el ideario socialdemócrata en boga entre los antiguos partidos comunistas de la región, pero la cita de enero no consiguió acallar a los disidentes del ala reformista. 

Un sector quejoso por la permanencia de ciertas sensibilidades filocomunistas y de prácticas clientelistas y corruptas, de las que culpabilizaba a Nastase y otros capitostes, terminó por separarse del partido el 21 de junio de 1997, al final del tormentoso congreso que confirmó a Nastase e Iliescu en sus puestos de mando. Los rebeldes, encabezados por el ex ministro de Exteriores (1992-1996) Teodor Melescanu, pusieron en marcha en agosto el partido Alianza por Rumanía (ApR), que posteriormente se disolvería en el seno del Partido Nacional Liberal (PNL). Este cisma tuvo la virtud de clarificar un poco la línea ideológica “socialista” del PDSR, en lo sucesivo férreamente controlado por Iliescu y Nastase, por la simple desbandada de los elementos comprometidos con los idearios de la socialdemocracia o el social liberalismo. 

En los años siguientes, desde sus atalayas en el Buró Permanente de la Cámara de Diputados y la bancada del PDSR, Nastase colideró con Iliescu la oposición a los sucesivos gobiernos de la CDR y encabezados por su principal integrante, el PNTCD, cuya gestión, así como la actuación del presidente Constantinescu, criticó duramente, tachando a ambas de "carentes de estrategia", "improvisadas" y "perjudiciales" para los intereses nacionales. 

Estas censuras se referían tanto a la política económica, con recetas liberales que no acertaron a parar la inflación ni a sacar a la economía del fango, cuanto menos a dignificar los lastimosos estándares de vida de la población, como al manejo de la cuestión de la minoría magiar concentrada en Transilvania, valorada como excesivamente condescendiente con las demandas húngaras, a la cooperación con la OTAN cuando los bombardeos aéreos contra Serbia durante la guerra de Kosovo, y al diálogo estructurado con la Unión Europea (UE), estando sobre la mesa la demanda rumana de adhesión desde junio de 1995, luego de entrar en vigor el Acuerdo de Asociación suscrito en febrero de 1993. 

Cuando en diciembre de 1999 el Consejo Europeo de Helsinki dio luz verde al ingreso de Rumanía en la UE, Nastase, haciendo gala de firmes convicciones proeuropeas, calificó la decisión de "hito" de la política exterior rumana y recordó que fueron los gobiernos de su partido los que habían adoptado los pasos fundamentales en esa dirección, por más que ahora el Gobierno de Radu Vasile (que, por cierto, cayó días después de la cumbre en la capital finesa) se atribuyera todo el mérito. Sin abandonar la dimensión europea, hay que añadir que Nastase, en tanto que diputado nacional de su país, integró la delegación rumana en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa; allí, canalizó sus actividades en el Comité de Asuntos Legales y Derechos Humanos, donde fungió de reportero en lo concerniente a la armonización de la legislación penal de los estados miembros. 

De cara a las elecciones generales de 2000, el partido designó a Iliescu candidato a la Presidencia y Nastase se perfiló para encabezar el Gobierno. El ex ministro presentó un programa económico que incidía en los aspectos sociales del mercado: la mejora de los niveles de vida, la reducción de la pobreza, la creación de empleo (el paro oficial era del 10%) y el fomento de un "capitalismo rumano, con capitalistas rumanos, en un mercado rumano y con productos rumanos", lema que con tono crítico pretendía llamar la atención sobre la penetración extranjera en el mercado de bienes inmuebles. Nastase creía que el país necesitaba una estrategia clara para conseguir el ingreso en la UE en una fecha temprana, pero no al precio de convertirse en "una colonia de terceros para vender sus productos". 

Cumpliendo con los pronósticos, el 26 de noviembre de 2000, el bloque capitaneado por el PDSR, denominado Polo Demócrata Social de Rumanía (PDS), que incluía al Partido Social Demócrata de Rumanía (PSDR) y el Partido Humanista de Rumanía (PUR), se adjudicó la victoria con el 36,6% de los votos y 155 diputados, esto es, mayoría simple, mientras que Iliescu ganó las presidenciales en la segunda vuelta a un crecido Tudor. El 28 de noviembre, el partido designó a Nastase su candidato a presidir el Gobierno, que iba a ser monocolor y minoritario, y cuya estabilidad tendría que asegurar mediante pactos de legislatura concretos o, mejor aún, con un "memorándum de cooperación" valedero al menos por un año y abierto a todos los partidos excepto el PRM de Tudor. 

El 20 de diciembre Nastase fue nombrado primer ministro por Iliescu nada más tomar éste posesión de la Presidencia, y ocho días después comenzó a gobernar tras recibir el preceptivo voto de confianza del Parlamento, donde halló 314 votos a favor y 145 en contra. El PNL y la Unión Democrática Magiar de Rumanía (UDMR), no obstante ser oposición, unieron sus votos a los del PDS para hacer viable un gobierno que reemplazaba al presidido por el independiente Mugur Isarescu. En la víspera de la sesión conjunta de las cámaras, Nastase suscribió con los líderes de las dos formaciones, Mircea Ionescu-Quintus y Béla Markó, una declaración de apoyo al Gobierno en lo relacionado con el "rechazo al extremismo", la lucha contra la pobreza y la corrupción, y los ingresos en la UE y la OTAN. 

El flamante primer ministro desgranó los objetivos económicos de obtener una tasa de crecimiento anual del PIB de entre el 4,5% y el 6% para toda la legislatura, recortar drásticamente la inflación, que se hallaba en el 45%, elaborar unos presupuestos generales con una previsión de déficit de hasta el 4,5% con el objeto de financiar los programas sociales prometidos en la campaña, y proseguir con las privatizaciones, pero de manera "transparente". 

Nastase se convirtió en presidente en funciones del PDSR desde el momento en que Iliescu retornó a la jefatura del Estado. El 19 de enero de 2001, una Conferencia Nacional extraordinaria de partido le confirió la titularidad de manera unánime. Meses después, el 16 de junio, la convergencia con el PSDR de Alexandru Athanasiu, quien fuera el primer ministro interino entre Vasile e Isarescu, culminó en la fusión orgánica de las dos formaciones y en el nacimiento del Partido Social Demócrata (PSD), el cual, en octubre de 2003, iba a recibir membresía plena en la Internacional Socialista, rompiendo la representación exclusiva de Rumanía que allí ostentaba el PD de Roman. 

Mudanza harto curiosa, el PDSR, el antiguo FSN, terminó migrando a la socialdemocracia no por la asunción de los planteamientos de sectores propios que de hecho habían sido sistemáticamente preteridos y obligados a marcharse, sino por la absorción de un partido con un pasado completamente diferente, que se consideraba a sí mismo el sucesor directo de la histórica formación homónima existente entre 1893 y 1948, cuando fue forzada a la asimilación por los comunistas. 

Los cuatro años de Nastase como primer ministro de Rumanía pueden sintetizarse en tres frases: obtención de importantes éxitos macroeconómicos, pero sin progresos equivalentes en el terreno del desarrollo humano y en el frente de la lucha contra la corrupción; avances decisivos, aunque dejando algunos posos de decepción, en la inserción en la OTAN y la UE, con el ingreso en la primera organización y el coronamiento de las negociaciones de la adhesión a la segunda; y, reyerta permanente con la oposición parlamentaria, que fue ganando virulencia a medida que se aproximaban las elecciones presidenciales de 2004, en las que Nastase, dicho sea de paso, concurrió y, contra todo pronóstico, fracasó. 

Podría destacarse una cuarta característica del proceder de Nastase, a saber, la ambigua relación que mantuvo con Iliescu, quien tampoco en esta ocasión se resignó a presidir el país sin los posicionamientos partidistas que la Constitución le tenía vedados y que no dejó de aprovechar todos los resquicios de su elenco oficial de atribuciones, en las políticas interior y exterior, para pautar al Gobierno e intentar llevar la voz cantante en múltiples asuntos, casi siempre con la actitud sumisa de su antiguo protegido. En la práctica, el sistema de Gobierno rumano se desenvolvió como mixto, con el primer ministro y el presidente articulando una especie de liderazgo compartido cuyo equilibrio estuvo sometido a no pocas tensiones, inopinadas entre dos estadistas que eran conmilitones. 

Más allá de las relaciones puramente institucionales entre los dos hombres, la incertidumbre permanente sobre las intenciones políticas de Iliescu para cuando terminara su ejercicio presidencial fue el perfecto caldo de cultivo de todo tipo de recelos y rifirrafes con Nastase, al que aquel parecía tratar como un pupilo susceptible de ser reconvenido, regañado y, finalmente, desplazado de un cargo, la presidencia del PSD, que a sus ojos desempeñaría sólo como factor. 

En febrero de 2002, Iliescu se descolgó con el ambiguo comentario de que a la conclusión de su mandato en diciembre de 2004 le gustaría “estar implicado” en el liderazgo del partido. Más aún, llamó “arrogante” al primer ministro. Nastase tuvo que salir a desmentir que existieran desavenencias mutuas y añadió que Iliescu y él formaban un “equipo armonioso”, que sus roles políticos eran “complementarios” y que el papel del presidente, por lo demás “un hombre sabio”, era “esencial” en las presentes circunstancias, cuando Rumanía se jugaba sus ingresos en la OTAN y la UE -con la que se negociaba oficialmente desde el 15 de febrero de 2000- a unos pocos años vista. Complacido por los piropos, Iliescu respondió que Nastase le parecía “el candidato más creíble” para sucederle en la Presidencia en 2004, pero volvió a pronosticar su retorno a la política partidista. 

En agosto de 2002, la falta de sintonía volvió a quedar de manifiesto cuando Nastase manifestó su disposición a acudir a unas elecciones anticipadas antes que transigir con la demanda de la UDMR, su incómodo socio parlamentario, de que fuera modificado el artículo primero de la Constitución que define a Rumanía como un “Estado nacional”. Iliescu replicó que acortar la legislatura no le parecía la mejor fórmula para asegurar la estabilidad política, y de paso certificó que no ambicionaba la reelección presidencial y que no se presentaría candidato de nuevo ni aun en el caso de que la Constitución fuera enmendada para permitir esa posibilidad. A partir de aquí, Nastase empezó a ser visto como el candidato presidencial in péctore del PSD. 

En diciembre de 2002, después de nuevos mentís de Nastase sobre la existencia de divergencias con Iliescu y de circular rumores que predecían una revuelta interna contra el primero en el partido y el Gobierno instigada por el segundo, quien se estaría valiendo del popular ministro de Asuntos Exteriores, Mircea Geoana, para marcarle el terreno e incluso forzarle a dimitir, el primer ministro tuvo que dar su brazo a torcer y asumir en público la tesis del presidente de que el adelanto electoral era pernicioso. El desenlace de este extraño tour de force, medio soterrado y medio público, entre los dos cabezas del poder ejecutivo y correligionarios coincidió, no por casualidad, con la resaca agridulce del doble pronunciamiento de la UE y la OTAN sobre las aspiraciones rumanas en el otoño de este 2002. 
Primero, el 9 de octubre, la Comisión Europea confirmó la viabilidad de la candidatura, pero postergó el ingreso, como fecha orientativa, hasta 2007 (mientras que otros diez estados, la mayoría de los cuales habían solicitado entrar años después que Rumanía, podrían hacerlo en 2004) habida cuenta del retraso del país balcánico, cuyo punto de partida había sido muy bajo, en la transposición normativa y la aplicación del acervo de la UE, y del incumplimiento aún de una serie de requisitos estructurales y económicos (causaba especial preocupación la todavía elevada inflación, superior al 20%) que impedían calificar a la rumana como una economía de mercado viable en las exigentes condiciones de competitividad que caracterizan al Mercado Interior Único. 

Si la Comisión, por un lado, reconocía los progresos jurídicos hechos hasta la fecha, como la aprobación parlamentaria de sendas leyes sobre las administraciones locales (enero de 2001) y sobre la prevención y persecución del tráfico de personas (diciembre de 2001), a las que debía sumarse la despenalización de la homosexualidad (diciembre de 2001), por otro lado, advertía a las autoridades de Bucarest que la corrupción de los funcionarios seguía siendo un fenómeno “muy serio” -aunque instrumentos como el Programa Nacional para la Prevención de la Corrupción, el Plan Nacional de Acción contra la Corrupción (ambos establecidos en octubre de 2001) y la ratificación por el Senado de las convenciones Civil y Penal del Consejo de Europa sobre la Corrupción (marzo de 2002) debían producir efectos positivos a corto plazo- y que aún había mucho que hacer en el capítulo sensible de la protección de la infancia y la situación de los orfelinatos. La palada de arena vino el 21 de noviembre, cuando el Consejo Atlántico, reunido al nivel de jefes de Estado y de Gobierno en Praga, invitó a Rumanía, y a otros seis estados, a ingresar en la Alianza en 2004. 

Nastase e Iliescu, que asistieron tanto a la cumbre de la OTAN como, el 13 de diciembre, al Consejo Europeo de Copenhague, el cual confirmó el horizonte del ingreso definido por la Comisión, elaboraron en enero de 2003 un esquema de prioridades para la segunda mitad de la legislatura: había que completar las reformas económicas y legales, reducir la burocracia, transparentar y agilizar las funciones administrativa y judicial, descalabrar a la corrupción y elevar la calidad de vida de los ciudadanos. 

Parecía que Nastase y el presidente volvían a hablar el mismo lenguaje, pero en febrero de 2003 las destemplanzas se reactivaron a raíz de la opinión aventada por Iliescu de que debería endurecerse la presión fiscal a las rentas más altas. Nastase replicó al punto que tal medida causaría alarma entre los inversores. Pero Iliescu contraatacó con dureza insospechada, al tachar las críticas del primer ministro a su propuesta de “típicas de los ricos”, “intempestivas” y “fuera de lugar”. A mayor abundamiento, comentó que Nastase le parecía “cansado”, que “el pasado del partido” lo representaba él y que estaba por ver si no iba a “representar también su futuro”. 
En octubre, el primer ministro tuvo que soltar el lastre que suponían los ministros de Integración Europea, Hildegard Carola Puwak, de Salud, Mircea Beuran, y el coordinador de la Secretaría General del Gabinete, Petru Serban Mihailescu, puestos en la picota por unos presuntos mal manejo de las ayudas de la UE, plagio de un tratamiento farmacológico y comportamiento corrupto, respectivamente. 

En noviembre del mismo año, 2003, semanas antes de cursar el Consejo Europeo de Bruselas la invitación a Rumanía (y a Bulgaria) para ingresar en la UE en enero de 2007 si para entonces estaba preparada, Iliescu confirmó que se mantendría políticamente activo tras abandonar la jefatura del Estado y dejó abierta la puerta a la reasunción de la presidencia del PSD cuando llegara aquel momento. En julio de 2004 la prensa rumana aseguró que Nastase habría tomado la doble decisión de dimitir como presidente del PSD y de declinar la candidatura a la Presidencia de la República después de tener que escuchar nuevas críticas de Iliescu cara a cara, en una reunión “institucional” entre el presidente y la dirigencia socialdemócrata. 

Nastase hubo de salir al paso y confirmó que, en efecto, “había considerado” la renuncia como consecuencia de los decepcionantes resultados cosechados por el PSD en las elecciones municipales y departamentales del 6 y el 20 de junio, pero que unas conversaciones con “miembros leales del partido” le habían hecho cambiar de opinión, para añadir que, después de 14 años trabajando hombro con hombro con Iliescu, “sería difícil de imaginar un conflicto que condujera a una ruptura de envergadura” entre los dos, lo que no obstaba a la aparición de “diferencias relacionadas con la actuación del Gobierno”. 

Una vez “clarificadas” tales diferencias, Nastase, en un congreso extraordinario celebrado el 27 de agosto, fue proclamado sin oposición candidato presidencial del PSD en las elecciones de noviembre. Obsequioso, el primer ministro invitó a Iliescu, el, así lo llamó, “mejor mentor” con que contaba el PSD, a que volviera a liderar el partido después de terminar su ejercicio presidencial y a que continuara en la política representativa desde un escaño de senador. Esto suponía repetir del esquema aplicado en el período 1996-2000, aunque estaba por ver si la oferta mantendría su validez en el supuesto de que Nastase no llegara a la jefatura del Estado. Por su parte, el ministro Geoana se prefiguró como el aspirante a primer ministro si las elecciones generales sonreían al PSD. 

Para entonces, en el verano de 2004, Nastase ya tenía motivos suficientes para alardear de realizaciones económicas. Marcando un agudo contraste con el sombrío período precedente, entre 2001 y 2003 el PIB había crecido una media anual del 5% gracias al auge del consumo interno y el sector de la construcción, pero en 2004 la tasa iba a alcanzar un espectacular 8%, ritmo que en la UE sólo Letonia podía emular. La inflación, por primera vez desde la revolución, había caído por debajo del 10%. 

El leu estaba apreciándose con respecto al euro y el dólar porque la afluencia de divisas, en especial euros procedentes tanto de la inversión extranjera como de las remesas aportadas por los millones de compatriotas que trabajaban en el extranjero, estimulaba la demanda de la moneda nacional. El paro registrado también se había achicado de manera continuada y actualmente andaba en el 6,8%. La deuda pública, del 24% del PIB, era manejable y de hecho cumplía holgadamente uno de los cinco requisitos financieros y monetarios para poder acceder a la eurozona en el futuro. Y el déficit presupuestario consolidado (es decir, descontando los compromisos financieros), gracias al aumento de los ingresos fiscales, iba camino de volatilizarse. 

Ciertamente, la gestión rigurosa y pragmática de la economía del Gobierno de Nastase ganó la confianza de los financiadores e inversores internacionales, que en 2000 eran escépticos en cuanto a la capacidad y la voluntad de los antiguos frentistas para implementar reformas y ajustes con impacto social. Ello, más la asunción de la socialdemocracia a nivel doctrinal, liberó a Nastase y los suyos del epíteto de “ex comunistas”, endilgado a los rumanos con un tono despectivo y de sospecha que no se aplicaba, por ejemplo, a los socialdemócratas y socialistas polacos, húngaros o checos, tan ex comunistas como ellos. 

En octubre de 2001, tras tomar nota de los primeros resultados de las políticas macroeconómicas y las reformas estructurales, el FMI aprobó conceder a Rumanía un crédito stand-by de 431 millones de dólares a 18 meses cuyo tramo final fue liberado en octubre de 2003, año en que se aceleraron las privatizaciones en los sectores bancario, eléctrico y de los hidrocarburos. En julio de 2004 las partes adoptaron otro acuerdo, del tipo precautionary stand-by (es decir, por el que el país se compromete a no hacer uso de la financiación reservada por el organismo a menos que las circunstancias económicas se deterioren), de 367 millones a 24 meses. 

El nuevo programa obligaba a Rumanía a podar la inflación, el déficit presupuestario y el déficit de la cuenta corriente, cuyo abultado saldo negativo, máxime con un leu fuerte que perjudicaba las exportaciones, constituía la principal inquietud económica. Claro que la atención preferente de un gobierno que se llamaba socialdemócrata al ajuste y la estabilidad de las macromagnitudes dejó sin resolver la situación de la abundantísima pobreza, que padecían todavía el 30% de los 22 millones de rumanos y que era la espoleta de un éxodo masivo de ciudadanos desesperanzados hacia otros lugares del continente. Los salarios reales, debido a una inflación que en la eurozona habría sido considerada catastrófica, estaban creciendo muy por debajo del índice del PIB. En resumidas cuentas, la nueva bonanza económica no estaba ayudando a corregir las desigualdades sociales. 

Y es que Rumanía, con sus muy bajos niveles de renta y de desarrollo social en comparación con las medias de la UE, portaba el farolillo rojo en cuanto a grado de preparación entre los doce países de Europa central y oriental que habían formulado sus demandas de adhesión a mediados de la década de los noventa, diez de los cuales (todos, precisamente, menos Rumanía y Bulgaria) acababan de ver realizada, el 1 de mayo de 2004, su aspiración. El 29 de marzo anterior, Nastase había vivido un día de gloria al depositar en Washington, junto con sus colegas de Lituania, Letonia, Estonia, Bulgaria, Eslovaquia y Eslovenia, el instrumento de adhesión de su país a la OTAN, pero la apuesta de la UE estaba deparando más de una “ducha fría”, por citar la expresión utilizada por el jefe de la delegación de la Comisión Europea en Bucarest, Jonathan Scheele. 

El 10 de marzo de 2004, el Parlamento Europeo ya se encargó de matizar el optimismo de Nastase mediante un informe muy crítico en el que ponía de relieve el retraso en la reformas de la administración pública y de la justicia, la cual no reunía las debidas condiciones de operatividad e independencia, el “alto nivel” de corrupción, las cortapisas a la libertad de prensa, que incluían amenazas y agresiones a periodistas no adictos, las barreras a la integración de la minoría gitana en la sociedad, la desprotección del derecho de los magiares a usar su idioma en los centros educativos, los tratos vejatorios a los detenidos en los centros policiales y la violación de la moratoria de junio de 2001 que había dejado en suspenso las adopciones internacionales de menores porque encubrían un verdadero tráfico de niños huérfanos y expósitos. La eurocámara advertía a Rumanía que su ingreso el 1 de enero de 2007 “no sería posible” a menos que satisficiera “un número de condiciones esenciales”. 

Horas antes de conocer el texto final del Parlamento Europeo, Nastase consiguió que la Cámara de Diputados aprobara una remodelación gubernamental que incluía la remoción del ministro de Justicia, Rodica Stanoiu, y el 11 de marzo, con toda celeridad también, el Consejo de Ministros aprobó un proyecto de ley que endurecía extraordinariamente las condiciones de la adopción de infantes rumanos por extranjeros. 

El 8 de diciembre de 2004, cuando Nastase se disponía a vencer al demócrata Traian Basescu en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, los dos últimos capítulos de la negociación (sobre 31) que aún quedaban abiertos, los relacionados con la competencia y los asuntos de justicia e interior, fueron cerrados en Bruselas. Toda la parte técnica de la fase de preadhesión quedaba finiquitada, pero los esfuerzos para la plena asimilación del acervo debían continuar. Más todavía, los Veinticinco impusieron a Rumanía (y a Bulgaria) una “cláusula de salvaguardia” en su Tratado de Adhesión, a firmar el 25 de abril de 2005, por la que el ingreso podía ser pospuesto un año, hasta enero de 2008, si se observaban retrasos insuperables en el tramo final de la trasposición normativa, sobre todo en las áreas de justicia e interior, competencia y medio ambiente. 

Antes de pasar a analizar la intensa y, a la postre, infructuosa campaña electoral de Nastase en el otoño de 2004, es necesario comentar su papel en la política exterior fuera de los ámbitos de la UE, la OTAN y los organismos multilaterales de crédito. Aun desarrollando él el activismo inherente al puesto que ocupaba, se hizo notar cómo fue Iliescu, maximizando sus atribuciones en este ámbito, quien acaparó el mayor protagonismo en las relaciones con Estados Unidos, que a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 experimentaron un vuelco sin precedentes en un sentido de intensa cooperación bilateral y de asunción de los planteamientos de Washington sobre las amenazas a la seguridad y el terrorismo. Los compromisos de Rumanía se materializaron en el envío de más de un millar de soldados a Irak y Afganistán, y sin duda jugaron a favor del ingreso en la OTAN en marzo de 2004. 

Ahora bien, Nastase dejó sobradamente claro que él era un proestadounidense y un defensor de la estrategia antiterrorista global de George W. Bush tan ardoroso como podía serlo Iliescu. En julio de 2004, el primer ministro ofreció a su anfitrión en Washington facilidades para la instalación de bases militares en Rumanía. 
En cuanto a las relaciones con los países vecinos, donde no escasearon los desacuerdos y los picos de tensión, Nastase fue incapaz de avanzar en la ratificación parlamentaria del Tratado Básico adoptado con Moldova en abril de 2000, pero, por otro lado, consiguió que Hungría enmendara su controvertida Ley del Estatus, por la que el Estado húngaro otorgaba derechos propios de sus ciudadanos a los 2,5 millones de húngaros étnicos que eran ciudadanos de los países vecinos, siendo de ellos rumanos más de 1,4 millones, esto es, el 6,6% de la población rumana. 

Cuando la Ley del Estatus fue aprobada por el Parlamento húngaro, en junio de 2001, Nastase, Iliescu y Geoana acusaron al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, de entrometerse en un ámbito de la soberanía nacional como era la protección de las minorías étnicas, de contravenir la igualdad jurídica de los ciudadanos rumanos y de discriminar a los trabajadores temporeros con pasaporte rumano que no eran magiares. La airada reacción del Gobierno de Bucarest surtió efecto, ya que Orbán se plegó a firmar con Nastase en Budapest el 22 de diciembre de 2001, antes de entrar en vigor la ley el 1 de enero de 2002, un “memorándum de entendimiento” por el que se extendían las ventajas de la contratación laboral temporal a todos los trabajadores rumanos sin distinción de etnia. 
El Gobierno socialista que reemplazó al de la coalición centroderechista de Orbán dio pasos adicionales en la atenuación del malestar rumano: en junio de 2003, el Parlamento húngaro introdujo una enmienda restrictiva a la Ley del Estatus consistente en la supresión de la referencia a la “nación húngara unificada” que figuraba en el preámbulo y en el endurecimiento de las condiciones para acceder a la asistencia del Gobierno, y el 23 de septiembre siguiente, Nastase y su homólogo Péter Medgyessy adoptaron en Bucarest un acuerdo con una serie de medidas suplementarias de alcance bilateral que la derecha húngara, ahora en la oposición, consideró una “humillante” claudicación ante los rumanos. 

Desde mucho antes de ser proclamado, en agosto de 2004, candidato presidencial del PSD, Nastase sostuvo un deletéreo e inacabable enfrentamiento con Traian Basescu, ex ministro de Transportes del FSN, desde 2000 alcalde de Bucarest y desde 2001 presidente del PD en sustitución de Roman. El pique excedió lo acostumbrado en una dialéctica política, incluso para un país de vida parlamentaria acalorada como Rumanía, y descendió al terreno de lo personal. 

Desde que comenzaron sus respectivos mandatos populares en 2000, Nastase y Basescu, como si empezaran a marcarse el terreno desde ya, con la mirada puesta en un posible duelo presidencial a cuatro años vista (aunque ninguno de los dos iba a formalizar su candidatura hasta pasado el ecuador de 2004), se llamaron prácticamente de todo, se acusaron mutuamente de difamación y azuzaron a la justicia para que investigara y procesara al uno y al otro por presunta corrupción. Si el mordaz Basescu tachaba al primer ministro de “perestroikista”, “comunista de peluquería” y “corrupto número uno de Rumanía”, o interfería en la labor del Gobierno poniendo en solfa el grado de preparación de Rumanía para los ingresos en la UE y la OTAN, Nastase exploró la manera de hundir al alcalde capitalino situándole en relación con el escándalo de malversación de caudales públicos que en enero de 2002 condujo a la disolución del Consejo Municipal General de la ciudad, donde el PSD, por cierto, tenía mayoría. 
En 2003, la guerra particular de Basescu y Nastase, en lo sucesivo colegas en la Internacional Socialista -lo que convertía a este antagonismo visceral en una auténtica incongruencia de cara al exterior- alcanzó nuevas cotas de acrimonia, si bien las iniciativas más hostiles partieron del primer ministro, a quien no le faltó la munición suministrada por Iliescu. Por ejemplo, en enero de aquel año, el Gobierno central no tuvo reparos en anular un crédito de 300 millones de dólares concedido al consistorio bucarestino por los bancos europeos de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) y de Inversiones (BEI) para financiar proyectos de modernización de los servicios públicos. 
Los resultados de los comicios municipales y departamentales del 6 y el 20 de junio de 2004 pusieron sobre aviso a un PSD demasiado autocomplaciente de que las generales de noviembre no iban a ser un paseo triunfal. En la liza por la alcaldía de Bucarest, Geoana fue vapuleado por Basescu, el edil reeleccionista, mientras que la alianza electoral Justicia y Verdad (DA) formada por el PD y el PNL se impuso por mayoría absoluta en el Consejo Municipal. En el conjunto del país, el PSD obtuvo el 32,8% de los votos en la elección a consejeros de los condados frente al 33,9% arrebatado por los partidos de la DA, concurriendo bien por separado, bien como lista conjunta. En la elección a consejeros locales, el partido de Nastase sacó el 31,9%, siendo superado también, en siete décimas, por la alianza de Basescu y Stolojan. 

La impresión de Basescu de que en el PSD cundía el “nerviosismo” por lo que pudiera suceder en las generales de noviembre se vio confirmada por la desaforada reacción de Nastase. El primer ministro y candidato presidencial del PSD intentó sembrar la discordia entre Basescu y Stolojan, quien hasta el 2 de octubre fue el candidato presidencial de la DA, llamando al primero “marioneta” en manos del segundo y situando a ambos en la superficie de una red subterránea de apoyos mantenida por la “mafia financiera y bancaria”. No por casualidad, en agosto, la Fiscalía Anticorrupción cargó a Basescu con los delitos de abuso de poder y malversación de fondos en conexión con su pasada gestión ministerial. El alcalde contraatacó asegurando que “podría llegar el día” en que Nastase tuviera que “revelar si tiene alrededor de un millón de dólares guardado en el extranjero”. 

Corrupción y pobreza fueron, por este orden, las palabras más escuchadas en una campaña electoral que se disputó a cara de perro y en la que el PSD y la DA confrontaron dos programas que, en realidad, venían a decir lo mismo. Así que la lid presidencial entre Nastase y Basescu tomó el aspecto de una competición por esclarecer ante el electorado cuál de los dos era el honesto y competente, y cuál el corrupto e inepto. El reparto de descalificaciones y las trapacerías oportunistas incluyeron la consideración de Basescu por Nastase como una “triste y cínica figura” que optaba por “jugar la carta del populismo antioccidental” cuando acusaba al Gobierno de “servilismo” en sus tratos con las potencias occidentales. Nastase también tuvo para Stolojan, a quien atribuyó “una vocación de bancarrota”. 
A Nastase, sus detractores le pidieron explicaciones por un sinfín de situaciones que le atañían a él en mayor o menor medida y que sugerían la existencia de un magma de irregularidades y chanchullos en las trastiendas del poder. Fue el caso, por ejemplo, de la adjudicación a la compañía estadounidense Bechtel de la construcción de una autopista de 415 km de longitud entre Brasov y Oradea. El Gobierno, con el argumento de que la obra urgía, concedió la contrata a dedo, sin el preceptivo concurso público, haciendo inevitables las sospechas de que la operación escondía emolumentos inconfesables o que bien estaba conectada con la participación de Rumanía en la reconstrucción de Irak. La Comisión Europea, irritada porque el Gobierno hubiese dado prioridad a esta vía de comunicación sobre un proyecto de autopista entre Bucarest y Budapest que contaba con financiación de la UE, abrió una investigación sobre el particular en febrero de 2004. 

Entre insulto e insulto, Nastase desgranó promesas de repercusión social, como la reducción del tipo de retención sobre las rentas bajas del 18% al 10%, y la elevación de las pensiones al menos en un 50% hasta 2008. Del exterior recibió la buena noticia de que la Internacional Socialista optaba por respaldar al PSD frente al PD porque este último se había coaligado con un partido liberal. El 10 de noviembre, el Parlamento aprobó los presupuestos generales de 2005, que contemplaban un déficit del 1,8%, un crecimiento del 5,3% y una inflación del 7%. 
La ligera ventaja del oficialismo, más acusada en las presidenciales que en las legislativas, pronosticada por los estudios preelectorales se confirmó el 28 de noviembre, dando lugar a una situación bastante ajustada. En las presidenciales, Nastase se puso en cabeza con el 40,9%, seguido por Basescu con el 33,9% y por el mercurial Tudor con el 12,6%. Los dos candidatos socialdemócratas pasaron a la segunda vuelta. En las legislativas, la lista Unión Nacional formada por el PSD y su pequeño adlátere, el PUR, sacó el 36,8% de los votos, 132 diputados y 47 senadores; la DA venía después con el 31,5%, 112 diputados y 49 senadores; 48 diputados obtuvo el PRM y la UDMR, 22. 

Con estos resultados, el PSD podía dar por perdido el Gobierno, ya que se había quedado a 34 escaños de la mayoría absoluta en la nueva Cámara baja de 332 miembros. La UDMR era un socio aceptable, pero sus 22 escaños resultaban insuficientes. En cuanto al PRM, Nastase descartó una coalición de Gobierno con él, ya que tal opción “crearía serios problemas de comunicación con Estados Unidos y la UE”. Ahora mismo, las relaciones entre Nastase y Tudor eran pésimas, con el caudillo nacionalista demandado ante los tribunales por haber publicado que tenía “pruebas” de que el primer ministro era homosexual. Precisamente, una parte de las arremetidas de Nastase contra Basescu se ceñían a la propuesta del candidato de la DA de legalizar los matrimonios de gays y lesbianas. 
Hasta la segunda ronda del 12 de diciembre, Nastase refutó vehementemente las alegaciones de Basescu de que las votaciones del 28 de noviembre habían sido fraudulentas, un mentís que fue corroborado por la Junta Electoral Central y por la OSCE, la cual sólo se hizo eco de ciertas “irregularidades” que era necesario investigar. 

Sin embargo, Nastase se vio envuelto en un pequeño escándalo cuando el diario Evenimentul zilei (una de las pocas cabeceras de prensa no sumisas o teleguiadas por el poder) difundió en su página web un fragmento de audio, grabado, no se sabía cómo y por quién, en una reunión de dirigentes del PSD en el que podía escucharse al primer ministro preguntar a sus colegas del partido qué había de cierto en la denuncia hecha por el PRM de que dos ministros del Gobierno habían recibido un soborno de 700 millones de dólares en relación con la privatización de la compañía estatal Petrom en julio del año en curso. Durante la conversación, Nastase afirmaba que si lo denunciado por el PRM era verdad, entonces la situación sería "doblemente irregular", ya que "los 700 millones no fueron pasados al partido". El ministro de Economía y Comercio, Dan Ioan Popescu, intervino para certificar que la privatización de Petrom había sido “transparente y profesional”, y que su jefe gubernamental estaba “bromeando” cuando realizó aquellos comentarios. 

Es incierto el impacto negativo que esta turbia información, así como otras que rastreaban el origen también sospechoso de ciertos bienes que conformaban el suntuoso patrimonio del candidato, pudo tener en las posibilidades de Nastase en la segunda ronda electoral. El caso fue que el 12 de diciembre, el aspirante del PSD cayó derrotado ante Basescu, quien protagonizó una espectacular remontada, con el 48,8% de los sufragios frente al 51,2% ganado por el demócrata. Nastase acató el veredicto popular sin rechistar, a diferencia de los aspavientos de Basescu tras la primera ronda. 

El final de la enconada contienda tuvo una especie de efecto balsámico en sus tres protagonistas, Nastase, Basescu e Iliescu, que el 17 de diciembre asistieron juntos al Consejo Europeo de Bruselas, el cual confirmó la validez de las fechas del 25 de abril de 2005 para la firma del Tratado de Adhesión y el 1 de enero de 2007 para la realización del ingreso, aunque sobre la última pendía, cual espada de Damocles, la tan traída y llevada cláusula de salvaguardia. Para Nastase, la conclusión de las negociaciones de adhesión era “por encima de todo, un éxito de los ciudadanos de Rumanía, del conjunto de la clase política, del Gobierno y del equipo negociador”. 

El 20 de diciembre Basescu asumió la Presidencia y el 21 de diciembre Nastase presentó la dimisión, pero no para quedarse con las manos vacías, ya que ese mismo día salió elegido presidente de la Cámara de Diputados (y Vacaroiu del Senado), reemplazando a su camarada Valer Dorneanu, gracias a que los legisladores de la DA y la UDMR abandonaron el hemiciclo como gesto de protesta porque el procedimiento de investidura de los burós permanentes de las cámaras no preservaba el voto secreto. En cuanto a la jefatura del Gobierno, ésta recayó de manera interina en Eugen Bejinariu, el ministro coordinador de la Secretaría General, hasta el 29 de diciembre, día en que tomó posesión el nuevo ejecutivo de coalición integrado por el PD, el PNL, la UDMR y el PUR –que cortaba amarras con el PSD-, y presidido por el sucesor de Stolojan como líder de los liberales, Calin Popescu-Tariceanu. 
Nastase se apuntó otro ficha que aseguraba su continuidad en el primer plano de la política nacional, aunque ya no como número uno de su agrupación, en el congreso extraordinario celebrado por el PSD el 21 y el 22 de abril de 2005. Entonces, su candidatura al puesto de presidente ejecutivo del partido salió airosa frente a la de Sorin Oprescu. En cambio, en la pugna interna por la presidencia, Iliescu, con 75 años, perdió contundentemente frente al tres décadas más joven Geoana. Los observadores ya habían manifestado su escepticismo sobre la solidez de la plataforma conjunta de Iliescu y Nastase, cuya fractura ahora en la elección interna auguraba una radical mudanza de afinidades. Una vez proclamado presidente del PSD, Geoana se apresuró a asegurar que él y Nastase, su segundo de a bordo, iban a formar “un equipo fantástico”. 

El ex primer ministro rumano ha publicado dos centenares largos de libros, estudios y artículos sobre Derecho Internacional Público, Derecho Humanitario y diversas facetas políticas de la práctica jurídica. Entre sus ensayos se citan (títulos traducidos al español): Derechos Humanos: la religión del próximo siglo (1992); Derecho Internacional contemporáneo (1995); Nicolae Titulescu: nuestro contemporáneo; La idea política del cambio (1996); Derecho económico internacional (1996); Rumanía y la nueva arquitectura mundial (1996); Construcción europea y supremacía constitucional (1997); Derecho Internacional Público: síntesis para una evaluación (1999); Los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales (2000); y, La batalla por el futuro (2000). 
También, supervisó la selección de textos básicos del derecho internacional y redactó artículos para los volúmenes de la colección enciclopédica Documenta Universalis (1997-1999). En 2004, en plena campaña de las presidenciales, presentó el libro de memorias De Karl Marx a Coca Cola, llamativo título que, según el autor, ilustraba no sólo su evolución personal, sino también la experimentada por el país balcánico desde los años de Ceausescu. 
Las pertenencias de Nastase a organismos académicos y de investigación son igualmente numerosas. Además de las filiaciones arriba citadas, ha sido presidente de la Fundación Europea Nicolae Titulescu (1990-1992 y con carácter honorario desde 1993), presidente del Centro Euro-Atlántico de Bucarest (1991-1992), miembro de la Junta directiva del Instituto Este-Oeste (EWI) de Nueva York (1991-1996), vicepresidente del Consejo Mundial de ex Ministros de Exteriores (1993), presidente honorífico del Congreso Espiritual Rumano (desde 1993), director de investigación del Instituto Rumano de Relaciones Internacionales (IRSI, desde 1994) y miembro de la Sociedad Americana de Derecho Internacional (ASIL, desde 1995). Durante los años noventa, y hasta que sus nuevas responsabilidades gubernamentales se lo impidieron, Nastase combinó de manera esporádica la práctica política con la de docente de Derecho Internacional Público en la Universidad de París-Sorbona y en las universidades bucarestinas.
 

El reto rumano

Adrian Pop estudia el reto al que se enfrenta Rumanía: estar en condiciones de aportar una contribución eficaz a la Alianza
La invitación a entablar conversaciones para la integración cursada por la OTAN para Rumanía y otros seis países de Europa Central y Oriental ha sido considerada en dichos países como un triunfo nacional. Pero las autoridades rumanas van a tener que hacer un gran esfuerzo para alcanzar el grado necesario de preparación para poder incorporarse a la Alianza en mayo de 2004 aportando una colaboración útil desde el primer día.
Por supuesto, la integración de Rumanía le proporcionará la OTAN algunas ventajas inmediatas: ayudará junto a Bulgaria a reforzar el flanco sur de la Alianza ofreciendo un enlace terrestre entre Hungría y Turquía, facilitará las comunicaciones con las operaciones de mantenimiento de la paz en los Balcanes y mejorará la cooperación y estabilidad regionales en Europa Suroriental. La inclusión de estos dos países reforzará también la presencia de la Alianza en el Mar Negro.

Rumanía lleva casi una década preparándose para el ingreso en la OTAN, habiendo sido el primer país que ingresó en la Asociación para la Paz en enero de 1994. Está de acuerdo con el planteamiento de seguridad global descrito en el Concepto Estratégico de la Alianza y se muestra comprometida con sus esfuerzos para reducir los peligros derivados de la proliferación de armas de destrucción masiva y sus medios de lanzamiento.
El periodo que resta hasta mayo de 2004, fecha prevista para la finalización del proceso de ratificación, tendrá una importancia fundamental para los preparativos atlánticos de Rumanía. La decisión adoptada por la Alianza en la Cumbre de Praga de invitar a este país a entablar conversaciones para su adhesión ha provocado un gran sentimiento de confianza a nivel nacional y el impulso consiguiente debe ser canalizado para favorecer una profundización en la reforma militar. A este respecto debe dedicarse una atención especial a determinados aspectos como los planes de defensa, las cuestiones legales, la planificación de emergencias civiles, la seguridad de la información, la transformación de la industria de defensa en una industria de seguridad y defensa, y la adaptación al nuevo entorno de seguridad.

La reestructuración en curso
Las Fuerzas Armadas rumanas todavía tienen que seguir avanzando en sus procesos de reestructuración actuales - el Programa Fuerza 2003 y el Objetivo de Fuerza 2007 - para llegar a alcanzar la operatividad y eficacia requeridas. La estructura de fuerzas prevista debe adaptarse a los recursos financieros disponibles y abarcar tanto a las fuerzas de despliegue como a las de defensa del territorio. Se pretende conseguir una capacidad de reacción rápida frente a hipotéticos conflictos futuros con la que cubrir el intervalo hasta que se produzca el total despliegue de las fuerzas territoriales y la intervención de los Aliados. Se pondrá especial énfasis en el desarrollo de tropas operativas de montaña, unidades paracaidistas, aviación, artillería, marina e infantería.

El Plan de Acción para la Adhesión (MAP) rumano se centra en el incremento de la interoperatividad, la capacidad de despliegue y la sostenibilidad de las tropas destinadas a operaciones de apoyo a la paz y misiones contempladas en el Artículo 5. Se le ha dado prioridad al adiestramiento, especialmente en idiomas, y a la preparación operativa para estar a la altura de los estándares de la OTAN.

Con esta finalidad, Rumanía ha preseleccionado ciertas unidades tanto para operaciones de defensa colectiva como para otras misiones de la Alianza, que pueden ir desde el apoyo a la paz y la respuesta ante crisis hasta el combate directo. Todas las fuerzas preseleccionadas para la defensa colectiva y operaciones de la Asociación para la Paz pueden ser utilizadas en intervenciones realizadas dentro o fuera de su territorio nacional, según los requisitos de cada situación concreta. Rumanía quiere, además, participar en todas las nuevas estructuras de fuerza de la Alianza, incluyendo la Fuerza de Respuesta de la OTAN.

Dentro de las fuerzas disponibles para operaciones de apoyo a la paz, Rumanía tiene ya capacidad suficiente para mantener sobre el terreno dos batallones durante seis meses. Actualmente trabaja con ahínco en el incremento de esta capacidad, lo que de hecho ha conseguido ya por medio de su implicación en la campaña antiterrorista internacional y de su contribución de tropas en Afganistán. En este momento mantiene desplegados más de un millar de soldados fuera de sus fronteras, y eso sin contabilizar su aportación a la Reserva Estratégica de la SFOR y la KFOR. Además, a finales de año será capaz de desplegar y mantener 1.500 hombres en operaciones exteriores. Con todo, los ejércitos rumanos todavía tienen que concentrarse en su contribución a la Alianza en sus capacidades específicas - unidades alpinas, policía militar, limpieza de minas y secciones de inteligencia militar - y en sus infraestructuras para operaciones aéreas, terrestres y marítimas.

Rumanía tiene un sistema de planes de defensa compatible con el de Alianza y está preparándose para cumplir los requisitos de planificación de fuerzas de la OTAN. Ello implica mejorar su proceso de toma de decisiones para ajustar sus responsabilidades hacia la Alianza al nivel que permiten sus limitados recursos. Por eso su presupuesto de defensa nacional se fija en función de la previsión de PIB y se apoya en el compromiso de su gobierno de asegurar un adecuado nivel de gasto de defensa.

En cuanto Rumanía se convierta en un miembro pleno de la Alianza querrá mantener una representación suficiente ante la OTAN y ocupar los puestos que le correspondan dentro de las estructuras civil y militar de la Alianza, tal como se espera de ella. Reunir suficiente personal con la experiencia, titulación y dominio de idiomas necesarios supone una tarea de envergadura, por lo que se ha creado dentro del Ministerio de Defensa una comisión para coordinar este proceso y seleccionar un conjunto de funcionarios civiles y mandos y suboficiales del ejército que posean los perfiles requeridos.

Además de todo lo anterior, la Escuela Nacional de Estudios Políticos y Administrativos de Bucarest ha estado desarrollando desde enero de este año un Programa para Ejecutivos Senior de la OTAN en colaboración con la Escuela de Defensa de la OTAN y el Centro Europeo George C. Marshall para Estudios de Seguridad. El curso ofrece la formación adecuada a funcionarios civiles y militares que deban prepararse para destinos relacionados con la OTAN o dentro de su misma estructura. Entre los conferenciantes se cuentan altos funcionarios gubernamentales, expertos extranjeros y profesores rumanos, además del personal docente de la Escuela Nacional.

De todas maneras, la gestión de los recursos humanos de las Fuerzas Armadas de Rumanía necesita una renovación que homologue sus programas a los de la Alianza. Para eso tendrá que mejorar los planes de estudio de la carrera militar, reformar los sistemas de reclutamiento y formación y ofrecer más oportunidades profesionales a los suboficiales. Podrá conseguir una reducción de las estructuras centrales eliminando unidades de apoyo de comunicaciones, logística y administración consideradas innecesarias, así como instalaciones, almacenes y campos de entrenamiento innecesarios; reorganizando la formación militar rumana y reduciendo las infraestructuras existentes en la actualidad.

La preparación para el ingreso en la Alianza es una cuestión intergubernamental, interdepartamental e interdisciplinaria, por lo que resulta imprescindible establecer vínculos horizontales entre los funcionarios gubernamentales y las diversas agencias de seguridad. Desgraciadamente ha ocurrido muchas veces que departamentos de un mismo ministerio no hayan sido conscientes de sus mutuas actividades y responsabilidades, que los diferentes ministerios con funciones relacionadas con la seguridad y defensa hayan expresado ideas diferentes sobre cuestiones de interés común, y que las administraciones presidencial y gubernamental hayan emitido señales contradictorias sobre importantes cuestiones de política nacional.

Los problemas que pueden hacer peligrar la candidatura de Rumanía a la OTAN - la corrupción, la debilidad de la economía nacional y la influencia de los residuos de la policía secreta de la época comunista en las agencias de seguridad - siguen estando presentes. El gobierno rumano debe combatir la corrupción con más interés y no conformarse con los grandes gestos realizados de cara al exterior, y los países occidentales deben recapacitar sobre su tendencia a tolerar la corrupción de los altos cargos siempre que parezcan estar impulsando los asuntos de su competencia en la dirección correcta. Si Rumanía no lograse una verdadera mejora en su economía acabaría viéndose incapaz de mantener las reformas militares en curso y el actual nivel de gasto en defensa. Y los Aliados tienen que afrontar la cuestión de los ex miembros de la Securitate que ocupan posiciones de responsabilidad, pues sólo así podrán llegar a confiar en la capacidad de este país para manejar información sensible.

Dado que el ingreso de Rumanía en la OTAN es una cuestión que afecta a todos, la sociedad civil tiene que desarrollar un mayor protagonismo para mantener el impulso actual en su integración euroatlántica. Las organizaciones no gubernamentales, en su papel de actores independientes a nivel de base, deben ejercer presión sobre las autoridades para acelerar el ritmo de reforma de la defensa, alertar sobre los problemas que pudieran aparecer durante el proceso, supervisar la implementación de los diversos programas relacionados con la Alianza y ayudar a desarrollar y mantener su apoyo a la integración en la Alianza.

Las autoridades, por su parte, deben trabajar conjuntamente con las organizaciones no gubernamentales relacionadas con la seguridad, manteniéndolas informadas sobre las iniciativas del gobierno, consultándoles en cuestiones de interés y descargando en ellas labores de investigación, e implicándoles en el fomento de la integración euroatlántica. Si se consigue forjar una nueva cultura de seguridad que se base en una verdadera colaboración entre el gobierno y la sociedad civil es probable que la población adquiera conciencia de la necesidad de su implicación activa para enfrentarse a las nuevas amenazas contra la seguridad.

Se trata de un punto importante, pues todavía está pendiente un debate sobre la trascendencia de su integración en la OTAN y sobre los cambios producidos en el entorno de seguridad. Deben sacarse a discusión pública cuestiones como la reestructuración de las fuerzas armadas y las consecuencias de su reducción, modernización y profesionalización. También debe debatirse la reforma de la industria de defensa y sus relaciones con las empresas. Y para poder mantener los compromisos a largo plazo se necesita que la opinión pública sea consciente de la contribución rumana a las operaciones de mantenimiento de la paz, del grado de implementación de los programas de integración en la OTAN y de las oportunidades derivadas de dicha integración.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 han cambiado en gran medida las percepciones sobre la situación mundial y, además de otros efectos, han provocado que exista una mayor conciencia de la complejidad del nuevo entorno de seguridad. Desde que las nuevas amenazas - y especialmente el terrorismo - han ido borrando los límites entre seguridad interior y exterior, Rumanía, al igual que otros muchos países, tiene que emprender una amplia revisión del reparto de tareas de las agencias policiales y de inteligencia, y entre las secciones nacionales e internacionales de estas últimas. Y debe también promover activamente la cooperación entre agencias de seguridad y realizar cambios en la investigación y desarrollo en el terreno de la defensa, dando prioridad a los sistemas de inteligencia de alta tecnología.

Resulta evidente que las amenazas contemporáneas contra la seguridad - el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, la difusión incontrolada de armamento ligero y de pequeño calibre, el tráfico de drogas y material nuclear, la inmigración ilegal, la corrupción, el blanqueo de dinero, las catástrofes naturales, la escasez de agua, petróleo y gas - no pueden abordarse con eficacia sin una cooperación eficaz entre las instituciones civiles y militares. Además, sólo mediante una adecuada colaboración entre el sector público y el privado se pueden afrontar de forma eficiente cuestiones como la gestión de fronteras, la seguridad del transporte, el mantenimiento del orden público, la prevención de conflictos sociales, la defensa civil y la preparación ante desastres.

La necesidad de esta colaboración resulta todavía más obvia en lo relativo a la lucha antiterrorista. La vulnerabilidad de muchas infraestructuras críticas ante posibles ataques terroristas prácticamente exige la creación de un grupo de trabajo del sector privado que incluya expertos financieros, analistas informáticos, científicos, bioquímicos, físicos y otros especialistas con gran experiencia dispuestos a trabajar conjuntamente con las cada vez más numerosas compañías privadas de seguridad para evitar que se repitan hechos como los del 11 de septiembre. Diseñar e implementar una colaboración eficaz de los sectores público y privado, e impulsarla a nivel gubernamental y no gubernamental, debería ser una de nuestras prioridades tras la cumbre de Praga.

Cooperación con los vecinos
Durante la preparación de la Cumbre de Praga, Bulgaria y Rumanía lograron que Grecia y Turquía apoyaran su incorporación y presionaran en su favor ante otros Estados miembros. Y lo consiguieron convenciéndoles de que su ingreso en la Alianza, con la consiguiente consolidación de su flanco meridional y la desactivación de tensiones bilaterales a nivel regional, resultarían beneficiosos para ellos y para el conjunto de la OTAN.

La cooperación entre Bulgaria y Rumanía, y entre los cuatro países citados, no sólo no debe terminarse una vez anunciadas las invitaciones para la integración, sino que debe intensificarse aún más. Los dos países candidatos deben incrementar el nivel de cooperación militar y trabajar en equipo en aspectos como el desarrollo de capacidades conjuntas y el fomento de la cooperación regional. Incluso pueden empezar a desarrollar equipamientos comunes para la OTAN antes de profundizar en la posible especialización de funciones y el fomento de capacidades específicas. Su cooperación podría llegar a abarcar una mayor implicación en operaciones de gestión de crisis - incluyendo iniciativas conjuntas en Europa Suroriental - y la vinculación de los sistemas de vigilancia aérea de ambos países. Así demostrarán que juntos pueden mejorar el entorno de seguridad de la que fue la región europea más inestable durante la década de los noventa.

El fomento de proyectos conjuntos de oleoductos y gaseoductos greco-turcos desde el Mar Caspio hasta Europa Occidental podría impulsar la cooperación entre Bulgaria, Grecia, Rumanía y Turquía. Estas conducciones probablemente pasarían por Bulgaria y Rumanía, introduciendo un nuevo parámetro - la seguridad de la energía - en las relaciones entre las cuatro naciones.

Después de haber trabajado tanto y durante tanto tiempo para conseguir en la Cumbre de Praga una invitación para iniciar conversaciones para su integración, Rumanía corre el riesgo de caer en la autocomplacencia. Pero el proceso de ratificación no debe darse por conseguido y en los próximos meses se verán sometidos a un análisis detallado de los progresos de este país en lo referente a los problemas todavía pendientes y a la reforma de sus estructuras siguiendo la propia transformación de la OTAN para así estar mejor preparados para afrontar las nuevas amenazas contra la seguridad. Desde este punto de vista, la creación de unidades militares especializadas que puedan contribuir a la seguridad global del área euroatlántica y el establecimiento de una verdadera colaboración entre el sector público y el privado servirían para incrementar en gran medida las posibilidades de Rumanía de convertirse no sólo en un miembro de pleno derecho de la OTAN, sino también en un contribuyente activo y responsable para la Alianza.

Adrian Pop es profesor de la Universidad Dimitrie Cantemir de Bucarest y Director de Investigación de la Fundación EURISC.
    

Preguntas sobre la economía rumana

Solidaridad – ¿Existe una mafia en la economía rumana? ¿Se puede hablar de un rol de la mafia en la economía rumana de hoy? 
Emil David – Yo creo que sí. Luego de 1990, desde mi punto de vista, sin duda hay otros que son de otra opinión, la economía rumana no ha funcionado como una economía capitalista, salvo en una proporción muy pequeña. ¿Cómo debería funcionar en modo normal una economía capitalista? Creo que lo sabemos. Tiene que existir el mayor peso posible de la propiedad privada de los individuos, del país o del extranjero, tiene que existir competencia entre estos capitalistas, porque de otro modo no se puede explotar la fuerza de trabajo. En modo normal en una economía capitalista, sobrevive aquel patrón que explota mejor su fuerza de trabajo y obtiene una plusvalía y ganancia mayores. Y aquél que no sabe explotar su fuerza de trabajo, quiebra. Esto sucede en una economía capitalista. Otra cosa, que salió a la luz recientemente, hasta las instituciones de la Unión Europea llegaron a la conclusión de que Rumania no tiene una economía de mercado funcional. Esta noción de economía de mercado, como era presentada en los materiales de la Unión Europea, significa para nosotros economía capitalista, simplemente. Hace unas semanas, Verheugen Günter, que es el comisario de la Unión Europea, encargado de la extensión de la Unión Europea hacia el Este, dijo en una declaración que Rumania y Bulgaria no tienen una economía de mercado funcional. Más recientemente, esta semana, fue publicado un informe de la Unión Europea, en Bruselas, que se refería a la situación de los países candidatos a adherir a la Unión Europea. Este informe dice lo mismo: Rumania no tiene una economía de mercado funcional. En otras palabras, estas instituciones europeas, que saben muy bien de lo que hablan, afirman públicamente, en informes y declaraciones de los dignatarios, que nosotros no tenemos una economía capitalista. No lo dicen en esta forma clara y decidida, su expresión es un poco más atenuada, pero ésta es la esencia. Hasta Bulgaria fue presentada de modo más favorable que Rumania en este último informe de la Unión Europea. Ésta es la situación en el momento actual. El problema es: si no tenemos una economía capitalista, ¿qué tenemos? 
Solidaridad – Entonces, ¿cuáles son los elementos capitalistas que vos no encontrás en Rumania, en la economía de la Rumania de hoy? 
Emil David – Entonces, los elementos capitalistas que no están presentes en la economía rumana actual. Son bastantes, y justo los más importantes. Como ya mencioné, considero que para definir la economía nacional de un país como capitalista, el peso de la propiedad privada sobre los medios de producción, y me refiero concretamente a la propiedad privada de los individuos, tiene que ser lo más grande posible. Ésta es mi opinión. Repito, no importa si son individuos del país o del extranjero. Unos japoneses pueden ser propietarios de una parte de la economía de los Estados Unidos, y esto no disminuye en nada el carácter capitalista de la economía estadounidense. Tengo amigos, compañeros, conocidos, que consideran que hay que enmarcar la propiedad del Estado en la misma categoría, es decir, cuando hablamos del peso de la propiedad privada, tenemos que referirnos también a la propiedad del Estado, no sólo a la propiedad de los individuos. Éste no es mi punto de vista. 
Al menos en la situación en la que se encuentra nuestro país, es muy fácil demostrar que el Estado rumano no se ha comportado como un patrón capitalista, cuando se trataba de su propiedad. Muchas empresas que eran propiedad del Estado fueron llevadas a la quiebra. Pero hay que mencionar que los que han conducido estas empresas, no se propusieron adrede que la empresa en caso quebrara. Su objetivo era saquear la empresa, mediante el mecanismo del que hablé antes. Realizaron contratos con proveedores por medio de los cuales compraron, para una empresa conducida por ellos, materias primas a un precio muy alto, y recibieron coimas, realizaron contratos con beneficiarios, mediante los cuales vendieron sus productos acabados de la empresa respectiva a precios muy bajos, y por esto recibieron coima. Es decir, esta gente se proponía recibir coimas: no se proponían que la empresa quebrara. Desde su punto de vista, habría sido ideal que este mecanismo funcionara lo más posible. Es decir, si ellos hubieran podido quedarse cincuenta años en la dirección de la empresa, y obtener coimas año tras año, para ellos habría sido muy ventajoso. Lamentablemente para ellos, en cierto momento, la empresa llega al fondo de la bolsa, ya no se puede permitir comprar materias primas a precios altos, y vender sus productos a precios bajos, y quiebra. Para ellos, ésta es una desventaja, porque desaparece su fuente de ingresos. Sus ingresos se basan en la obtención de coimas cuando se encuentran en algún cargo directivo en una empresa. Ésta es su fuente de ingresos, y no la explotación de la fuerza de trabajo. Ésta es mi opinión. O sea que yo no los considero capitalistas. Cuando desaparece su fuente de ingresos, ellos ya tienen dinero en cuentas bancarias del extranjero, son suficientemente ricos como para dedicarse a los negocios, es decir, a ellos no los afecta gran cosa la quiebra, ya hicieron su suma, "tienen los sacos en la carreta", como decimos los rumanos. 
 

Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración del Foro de Inversiones y Cooperación Empresarial Hispano-Rumano 

Es para mí un motivo de especial satisfacción compartir hoy con el Señor Presidente de Rumania la inauguración de este Foro de Inversiones y Negocios Rumano-Español.

Quiero felicitar a todos los organizadores por esta iniciativa, que refuerza el mensaje de amistad y de cooperación que queremos transmitir con esta Visita de Estado a Rumania. 
La presencia en esta sala de tantos empresarios rumanos y españoles, con una probada vocación internacional, es una garantía de éxito para esta reunión.

Este encuentro empresarial tiene lugar en un momento especialmente prometedor de las relaciones entre Rumania y España. En los últimos años ambos países hemos reafirmado nuestra voluntad común de relanzar las relaciones bilaterales en todos los ámbitos: desde el político y el económico, hasta el cultural, pasando por el reforzamiento de la cooperación a través del llamado "Programa de Hermanamientos". 
Los intercambios económicos registran un cambio de tendencia esperanzador. La balanza comercial conjunta superó los 600 millones de dólares en 2002, y las inversiones pasaron en un corto periodo de tiempo de 40 a 150 millones de dólares. 

Unas cifras todavía modestas por su volumen, pero alentadoras por su proyección. Demuestran que los intercambios entre España y Rumania crecen a un ritmo superior al del resto de los países de la Unión Europea, y que España, está cada vez más presente en el mercado rumano.

Este favorable contexto bilateral es, en sí mismo, un estímulo suficiente para que los empresarios españoles y rumanos exploren seriamente nuevas y múltiples posibilidades de trabajar juntos. Hay, además, otros factores que favorecen un verdadero "partenariado" económico entre España y Rumania.

Primero, la profunda reestructuración que está experimentando la economía rumana, y que ha alcanzado un alto nivel de estabilidad e índices de crecimiento por encima de la media de los países candidatos. 
En segundo lugar, el proceso de modernización y de apertura internacional que ha vivido la economía española en las últimas décadas. 

España es hoy un importante socio económico e industrial y ocupa un puesto preeminente en inversión directa a escala mundial en muchos sectores aquí representados, como las Infraestructuras, Banca y Servicios Financieros, Energía, Telecomunicaciones, Industria Auxiliar del Automóvil, Industria Agroalimentaria, Textil y Consultoría. 
Aunque la inversión se ha dirigido principalmente a los actuales socios de la Unión Europea, a Iberoamérica y al Norte de África, la presencia empresarial española empieza a ser significativa en países de Europa Central y aspira a crecer en esos mercados.

El tercer factor favorable al desarrollo de una mayor vinculación empresarial hispano-rumana, es el actual proceso de ampliación de la Unión Europea. España lo asume como una gran oportunidad para estar más presentes en una región llamada a consolidarse como elemento central de nuestras relaciones políticas, 
 

Noticias

Rumanía y Bulgaria : los costes del ingreso a la Unión Europea

La Unión Europea tiene prevista una nueva ampliación hacia el Este para el 2007, la que incluirá en esa oportunidad a Bulgaria, Rumania y Croacia, este último un país antes integrante de la desparecida Republica Socialista Federativa de Yugoslavia. 

En las cancillerías de estos tres países predomina un clima de euforia ante tal perspectiva, a pesar de lo costoso, difícil y complicado que resulta para cada una de estas naciones cumplir con los rigurosos criterios de adhesión que plantea la UE. 

Bulgaria parece ser la que más avances ha logrado en este proceso. El pasado mes de junio, tras conversaciones entre representantes búlgaros y comunitarios, se reconoció el cumplimiento por Sofía de los 31 capítulos del pacto de adhesión, lo que asegura la admisión de este país balcánico en la fecha prevista, para lo cual tendrá que llevar a cabo "dolorosas reformas económicas", según reconocen autoridades de la UE. 
A pesar de reconocerle el carácter de “una economía de mercado funcional”, la positiva valoración que la UE realiza sobre el grado de preparación del país para su futuro ingreso al seno de la misma pasa por alto decisivos indicadores acerca del mal estado de la economía y las inciertas perspectivas de su evolución. 
Como reconocen especialistas, en realidad el estado de la economía búlgara es ahora mucho peor que el que existía en los años noventa. Su PIB ha caído, como promedio, en un 20% debido, sobre todo, a las insuficientes inversiones extranjeras y las guerras en Croacia y Bosnia-Herzegovina durante el proceso de desintegración de Yugoslavia, y la agresión militar norteamericana a Serbia bajo el pretexto de la supuesta violación de los Derechos Humanos en Kosovo [1], lo que supuso considerables pérdidas para la economía del país. El desempleo continúa siendo muy alto y alcanza el 13,5 por ciento de la población económicamente activa. 
  
Las negociaciones con los funcionarios de la UE han sido particularmente duras para Bulgaria, que sólo recibirá entre el 2007 y 2010 subvenciones de 560 euros (674 dólares) por habitante, un monto mucho menor al que
fue aceptado para Malta (900 euros, mil 83 dólares), Lituania (800 euros, 963 dólares), Estonia (780 euros, 939 dólares ), Chipre (767 euros, 923 dólares), Eslovenia (656 euros, 790 dólares) y Letonia (728 euros, 876 dólares), todos de reciente ingreso a esa entidad. 

A lo anterior se agregan las concesiones realizadas en otro segmento vulnerable de la economía búlgara como la producción de leche y sus derivados, en el cual Sofía fue obligada a aceptar niveles de producción anual muy por debajo de sus capacidades. 

Rumania, con sus 17 millones de habitantes, es el mayor país que queda en la Europa del Este sin unirse a la UE. En contraste con Bulgaria, las ilusiones de que el ingreso a la UE significaría un aumento del nivel de vida para la población se han desvanecido, como sugiere la baja participación electoral -un 54,4 por ciento- en el referéndum sobre la reforma constitucional que tuvo lugar el pasado mes de octubre. 
Esta consulta sirvió para aprobar una nueva Constitución, que ha de sustituir a la de 1991, y tuvo como finalidad principal la de adaptar la legislación rumana a los requisitos que exige la