martes, diciembre 29, 2009

UN CAMINO PARA APRENDER A APRENDER. Guía autodidáctica


Las habilidades cognitivas, la forma en la que captamos la realidad a través de los sentidos, la manera en la que procesamos la información, el estilo y las estrategias de aprendizaje son algunos de los factores que intervienen en éste. No obstante –afirma la autora– sin dejar de lado el factor hereditario, el aprendizaje también puede construirse, incrementarse o potenciarse, al igual que las capacidades físicas, mediante un proceso de entrenamiento prolongado.


Este libro constituye una propuesta constructivista para aprender a aprender, en la que la autora vincula sus experiencias en el aula con las opiniones de diversos investigadores en este campo, en aspectos como el funcionamiento del cerebro humano, los estilos de aprendizaje y las estrategias para aprender mejor. Con la finalidad de hacer el texto más didáctico, la mayor parte de esta información se presenta en forma de diálogo entre un profesor y su alumno. En éste se perfilan una serie de valores, actitudes y sugerencias prácticas para aprender a aprender, sin soslayar el rigor científico en el que se fundamenta.

En definitiva, la obra facilita las técnicas necesarias para aprender a aprender aunque se recomienda que, además de la lectura y reflexión sobre el texto, se practiquen habitualmente las sugerencias planteadas. Un libro que resultará muy útil a estudiantes de secundaria y bachillerato y para todas aquellas personas que deseen profundizar en el conocimiento y la búsqueda de la verdad.
Si te interesa el libro puedes descargarlo. ¡ clic aqui ¡ (Editorial MAD)

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jueves, diciembre 17, 2009

Ventajas y desventajas de la PDI


La entrada en vigor del Programa ESCUELA 2.0, supone la generalización de las PDIs en las aulas españolas. No obstante es necesario una reflexión sobre este recurso didactico.


Ventajas destacables :

* Supone una fuente inagotable de información multimedia e interactiva disponible de manera inmediata en el aula que permite aprovechar didácticamente muchos materiales realizados por profesores, alumnos y personas ajenas al mundo educativo.

* Posibilita que las clases puedan ser más vistosas y audiovisuales, facilitando a los estudiantes el seguimiento de las explicaciones del profesorado.

* Los estudiantes, en general, están más atentos, motivados e interesados.

* En las clases de informática, la pizarra digital facilita a los estudiantes la repetición de las acciones que realiza el profesor cuando les enseña a utilizar algún programa.

* Permite consultar y presentar colectivamente en clase de los apuntes y trabajos realizados por los profesores y estudiantes.

* Los estudiantes tienen un papel más activo, ya que resulta más fácil la presentación pública de los trabajos que realizan y de los materiales digitales de interés que encuentran.


Desventajas :

* El profesorado debe tener voluntad de adaptación al cambio y mejorar las prácticas docentes habituales.

* El profesor debe conocer y seleccionar la información digital más adecuada a sus circunstancias.

* El profesorado necesita una formación didáctico-tecnológica inicial

* Resulta caro.

Alguna Conclusión...Estamos ante una “tecnología limpia” y que no da problemas.

Si es necesario se puede prescindir puntualmente de ella, de manera que si un día no va el sistema o Internet da problemas, simplemente se desarrolla la clase sin la pizarra digital, como se hacía antes.



Vía: Francisco Zapatero. Profesor de Economía y Administración de Empresas.Asesor de Formación en el Área de TICProfesor Asociado USAL.
Webmaster como hobby.JOOMLA FANATIC
technorati,tag: pdi escuela tic profesores

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martes, diciembre 15, 2009

Campus de excelencia y universidades excelentes


La iniciativa denominada «Campus de Excelencia Internacional» del Ministerio de Educación («CEI 2009 subprograma A») supone un salto cualitativo en el imparable proceso de diferenciación de las universidades españolas y, a mi juicio, debería venir acompañada de políticas complementarias por parte de estas últimas. En el presente artículo se valora dicha iniciativa y se señala una de las políticas complementarias que podrían poner en marcha las universidades que pretendan ser excelentes. Campus de Excelencia. En la primera convocatoria del «Campus de Excelencia Internacional» ha habido un error que no debe hacernos olvidar que la iniciativa es excelente, ya que con ella se le está diciendo a la Universidad española que debe navegar por aguas internacionales, las únicas relevantes en estos tiempos de globalización. El error ha estado en la forma: en crear, dentro del «Campus de Excelencia Internacional» y tras una categoría sin apellidos, una categoría denominada «Campus de Excelencia Internacional de Ámbito Regional» que ha generado comentarios muy jocosos tipo «círculo-cuadrado». Este error formal no debe impedirnos apreciar que, con independencia de lo desafortunado que resulta dicho rótulo, el establecimiento de categorías dentro del «Campus de Excelencia Internacional» es un acierto rotundo. Efectivamente, lo que da la impresión de haber sido una improvisación de última hora, es, a mi juicio, un gran acierto por, al menos, dos razones: primera, porque no todas las universidades de España tienen el mismo tamaño y, consecuentemente y aunque todas fueran igual de buenas, las mayores tienen siempre una mayor probabilidad de contar con grupos de investigación de primer nivel, sencillamente porque tienen casi el doble de profesores que las medianas. Así, la media de profesores (equivalente a tiempo completo) de las universidades del «Campus de Excelencia Internacional» sin apellidos es de 2.660, mientras que dicha media se sitúa en los 1.467 en los «Campus de Excelencia Internacional de Ámbito Regional» (datos tomados de «La Universidad Española en cifras 2008», pp. 341-342); segunda, porque, manteniéndose dentro de una elevada exigencia (en España hay 47 universidades públicas y han obtenido «Campus de Excelencia Internacional» nueve proyectos vinculados a once universidades, menos de la cuarta parte del total), la política buena es la de sumar y no la de restar: la de incluir a todos los grupos de investigación relevantes internacionalmente (que siempre serán muy pocos), separándolos del resto. Y es que, aquí y ahora, la política buena pasa, a mi juicio, por separar el poco trigo (aunque sea de diferentes calidades y así se haga constar) de la mucha paja universitaria española. Universidades excelentes. Es importante resaltar el hecho de que una cosa son los «Campus de Excelencia Internacional» y otra, muy distinta, las universidades excelentes. Así, el muy ambiguo rótulo de «campus» ha servido para que mucha gente arrime el ascua a su sardina y, en un salto inevitablemente mortal de la parte al todo, haya decidido que toda su universidad es excelente. Pues bien, a este respecto la sociedad debe saber que los «Campus de Excelencia Internacional» no son ni universidades ni campus excelentes, sino algo mucho más acotado: proyectos basados en general en líneas de investigación amplias, en las que destacan universidades que pueden ser normales e incluso mediocres en otras líneas. Así es, así será y así debe ser, y es que nos encontramos aquí con lo que a mi juicio es otro gran acierto de la iniciativa «Campus de Excelencia Internacional», cual es que fomenta la mejora de las universidades partiendo de lo único de lo que se puede partir: de las partes (las líneas de investigación en un sentido amplio) y no del todo (las universidades). Al final, terminará habiendo universidades excelentes, pero lo serán porque (además de otra cosas) tendrán un número mínimo de «Campus de Excelencia Internacional». En este caso, el ir de la parte al todo sí que es un gran acierto, pues es el único camino realista (piénsese, por ejemplo, en la actual Unión Europea, que, con todas sus limitaciones, ha sido posible gracias a que se empezó por una parte muy concreta: el carbón y el acero). A mi juicio, las universidades excelentes serán las que tengan, al menos, un mínimo de «Campus de Excelencia Internacional» y, además, una buena docencia. No es este último un tema que interese mucho al país, y a los hechos me remito. Pero es inevitable, ya que la Universidad es investigación y docencia. Por ello, creo que las universidades que pretendan ser excelentes deben actuar en dos direcciones: la de los «Campus de Excelencia Internacional» (la vertical, profundizar en pocos campos) y la de la docencia (la horizontal, enseñar bien en la mayoría de las titulaciones). Si somos serios y no queremos acabar en cuatro días con esa loable iniciativa que late tras los «Campus de Excelencia Internacional», deberemos dosificarla adecuadamente, y ello significa que habrá pocos, con lo que quedarán excluidas de la excelencia algunas (pocas) universidades que pueden ser realmente excelentes, al combinar un mínimo de excelencia investigadora con un máximo de buena docencia. Dado que esta estrategia combina lo vertical con lo horizontal, podríamos denominarla la «Estrategia T» hacia las universidades excelentes. Por lo demás, la mejora docente tiene que ver con muchas cosas. Entre ellas, algunas muy básicas como las que señalo a continuación. Como se verá, tienen muy poco de «modernas», pero es que uno es ya muy viejo y cree que, además de incorporar todo lo bueno de lo nuevo que viene de la mano de Bolonia, deberíamos «progresar adecuadamente» en lo «antiguo», esto es, en lo que es posible que en algunos casos esté pendiente desde hace mucho tiempo. Y, a mi juicio, lo «antiguo» pasa, entre otros mil senderos, por dos caminos básicos: por unos planes de estudio decentes y por unos planes docentes solventes. Abordo a continuación ambos aspectos.

Vía: Cándido Pañeda. Catedrático de economía aplicada de la universidad de Oviedo.

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jueves, diciembre 03, 2009

FRACASO ESCOLAR: ¿Una enfermedad de nuestro tiempo?



Son muchas las familias que van a recibir estos días los boletines de calificaciones de sus hijos de la Primera Evaluación y, en muchos casos, aun esperando que así fuera, se enfrentarán a una realidad: han suspendido alguna o algunas materias.
El término fracaso se nos antoja duro, pero debemos perder el miedo: fracasar en la consecución de una meta no es ninguna enfermedad incurable, ni siquiera debe convertirse en enfermedad si actuamos a tiempo: es una situación temporal a la que debemos hacer frente en el momento adecuado tomando las medidas necesarias.

Cuando nos ponemos a analizar esos porqués enseguida encontramos un culpable- nosotros tendemos a excluirnos y, en menor medida, también excusamos a nuestros hijos -: “es que los profesores no están preparados; “es que el sistema educativo no funciona”; “es que ese colegio no me convence, les exige muy poco”; “es que este chico es inteligente, pero muy vago, si le ayudaran más…” “porque nosotros hacemos lo podemos”….
No me voy a extender en matizar esas respuestas, solamente voy a hacer una pregunta: ¿No les parece que cuando en un país el 33% de los estudiantes no terminan la Educación Secundaria Obligatoria , cuando son cada vez más los alumnos escolarizados que no alcanzan los niveles básicos de operaciones matemáticas, comprensión oral y escrita, cuando es cada vez mayor el absentismo escolar y cada vez son más los alumnos que acuden a los psicólogos… todos somos un poco culpables- sistema educativo, padres, alumnos, profesores…-? Todos; y todos debemos reflexionar e interactuar: profesores, educadores, familias, instituciones…porque el problema no es baladí.
Permítanme otros interrogantes: ¿no será más fácil que atajemos estas situaciones si comenzamos con los niños en edad temprana, desde primaria, cuando disponemos de mucho más margen de actuación?, ¿no deberemos plantearnos si la ESO está cumpliendo sus objetivos iniciales?, ¿no será necesario replantear la calidad y cantidad de las asignaturas curriculares del bachillerato y cuáles son los objetivos que se persiguen con ellas? Y por último,
¿por qué el 50 % de los alumnos que ingresan en la universidad no terminan sus estudios?

Desde el punto de los padres, entiendo que las familias son el núcleo base para la formación de sus hijos. Los padres que no realicen un esfuerzo por comprender que la formación es clave para dirigir y orientar los anhelos de sus hijos en el ámbito de la escuela, pueden verse avocados a padecer el fracaso escolar. Existe un déficit de control por parte de los padres a causa, en muchos de los casos, de la dificultad para conciliar vida laboral y familiar, ya que ambos miembros de unidad familiar trabajan y, por consiguiente, no dedican el tiempo suficiente.
Los profesores y educadores tampoco debemos abstraernos del problema: alguna responsabilidad tendremos cuando un alto porcentaje de nuestros alumnos padecen situaciones de fracaso escolar; cuando a veces nos vanagloriamos de nuestro nivel de exigencia medido por el alto porcentaje de suspensos.
Y las administraciones, que tantos recursos están invirtiendo en educación deberán preguntarse si las inversiones van en el camino correcto, porque el hecho evidente es que el fracaso escolar, lejos de disminuir, va en aumento: ¿será acertada la política de promocionar de curso a alumnos que no han superado los conocimientos básicos del curso anterior?, ¿estamos seguros de que eliminar las pruebas de septiembre beneficia al alumno?
Insisto: debemos buscar, entre todos, soluciones y ponernos a trabajar.
Entre los factores que influyen en el fracaso escolar citaré, a modo de inventario, algunos que me parecen determinantes:
-Ausencia de valores: el esfuerzo, el sacrificio, la educación, están ausentes en muchos de nuestros hijos en edad escolar. La sociedad premia aparentemente conductas oportunistas y salidas fáciles que son modelos demoledores para nuestros jóvenes.
-Grandes dificultades de comprensión lectora y oral y bajo nivel léxico.
-Falta de hábitos de estudio- no sólo de técnicas- unida a una mayor dificultad para realizar lo que cuesta esfuerzo, máxime cuando se carece de falta de base.
-Déficit de atención y concentración.
-Baja autoestima personal y académica.
-Falta de autonomía en la programación de las tareas y el estudio.


Debemos tener en cuenta que los resultados escolares no dependen exclusivamente de las capacidades, sino más bien de los hábitos de estudio, del trabajo constante y ordenado, de la recuperación de la autoestima, de la adquisición de los conocimientos necesarios que posibiliten dar un paso más en el mundo del conocimiento (¡Qué complicado es entender las matemáticas de 4º de la ESO si, no superando las de 3º, promocionó de curso!).
Y en lo que respecta al ámbito familiar, estas pueden ser algunas estrategias: nunca debemos perder el principio de autoridad (ellos están en edad de equivocarse); educar en la responsabilidad (concepto clave); apoyar en las tareas escolares (hay que conjurar el enemigo tiempo); poner franjas de utilización a los juegos y nuevas tecnologías, así como buscar el equilibrio entre ocio y tempo libre y trabajo académico; fomentar la autoestima y vencer el derrotismo; controlar el ambiente en que se desenvuelve; motivar (siempre a través del esfuerzo); encontrar tiempo – otra vez el fantasma- para la relación padres/hijos (no estar en constante lucha)…


Artículo de : Miguel Ángel Heredia García
Presidente de la Fundación Piquer y Director del Colegio de Verano Piquer

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